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[FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

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[FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Ladd Russo el Febrero 11th 2012, 6:38 am

¡Hola a tod@s! Aquí vengo con un nuevo proyecto sobre mi adorada parejita LaddÁngelo. Esto en principio iba a ser un regalo para mis amores (¡os quiero chicas! >w<) pero me estaba quedando tan exageradamente largo que al final ha caído por su propio peso: o lo divido en capítulos o esto no hay quien lo lea xDD Y de paso lo cuelgo en el foro para que cualquiera que quiera pueda leerlo tranquilamente ^^ De momento traigo el primer capítulo y no sé cuántos me saldrán, pero tengo como dos más ya escritos (falta retocar algunas cosas). Antes de leer tengo que hacer unas cuantas aclaraciones para que esto pueda entenderse:

- Este es un fic LaddÁngelo y me he tomado la libertad (espero que a sus ussers no les importe uU) de usar varios PJs de este foro. Pero tengo que aclarar que es un HISTORIA ALTERNATIVA. ¿Qué quiere eso decir? Que solo coincide con la trama original en algunos puntos (personajes sobre todo), pero el resto me lo he inventado con afán de entretener (?).

- Está escrito por mí… obviamente contendrá contenidos para +18 xDD

- MPREG o embarazo masculino. Lo advierto desde el principio por si alguien lo odia. Ah, y claramente yaoi xD

- El título está en japonés porque ya de por sí es un spoiler (?) así que dejo en manos de cada cual el traducirlo o no xD (yo usé el traductor del google Wink )

- La historia se desarrolla en un mundo basado en “Sex Pistols”, un manga yaoi de Kotobuki Tarako. En el spoiler añado un resumen sobre de qué va la serie para aquellos que no la hayan leído (aunque la recomiendo encarecidamente):


Spoiler:
El mundo está compuesto mayoritariamente por humanos que descienden de los simios, pero existen una minoría (menos del 30%) que han evolucionado de otras especies de animales: los Madararui. Además de ser pocos, su tasa de fertilidad es muy baja, por lo que para ellos reproducirse y perpetuar así su estirpe es muy importante. Para solventar en parte el problema existen formas de hacer que los hombres también puedan dar a luz mediante la creación de úteros artificiales por diversos métodos. Los hombres simios (Enjin) no suelen saber de la existencia de los Madararui, aunque inconscientemente notan su presencia debido a las fuertes feromonas sexuales que lanzan para atraer otros Madararui (cuando eres incapaz de reconocer visualmente a otro de tu estirpe, las feromonas pueden ser una forma de propiciar el encuentro). Los Madararui pueden adquirir la forma del animal del que descienden y esto puede ocurrir voluntariamente, pero a veces simplemente pasa cuando están cansados, asustados, enfadados… Se dividen además según su tasa de fertilidad en: semillas ligeras, semillas medias o semillas pesadas (fertilidad decreciente por este orden pero calidad genética creciente). Así, por ejemplo, una semilla pesada tendría muchos problemas para concebir pero sus hijos serían mucho más poderosos y “puros” (entendiéndose por puro alejado de la estirpe de monos). Los semilla pesada, además, tienen habilidades raras y sorprendentes y sus feromonas son tan poderosas que a veces les cuesta controlarlas.

En la siguiente imagen vemos algunos tipos de Madararui que existen:




Sin más palabrería innecesaria, ¡disfruten de la lectura! ^O^

P.D.: dedicado muy especialmente a Belle-chan y Angy. Realmente espero que os guste >w<


蝶の解放


Capítulo I

-¡Maldita sea! ¡Despierta jodido pervertido, llegaremos tarde!

-Hmm…- la molesta voz de su hermana pequeña hizo que Ladd se revolviera en el agradable calor de su cama y se abrazara a lo que tenía más a mano. Aaah, tan cálido… Lo último que quería era salir de allí.- Cállate, eres molesta…

A Belle se le hinchó la vena de la sien (un rasgo característico de la familia Russo, al igual que la mala leche) y tomó con brusquedad las sábanas de la cama para apartarlas. Inmediatamente un corriente fría hizo estremecerse al rubio, quien por instinto escondió la cara en aquello tan blandito y agradable que tenía justo enfrente.

-¡Fuera de aquí putas baratas! ¡Fuera he dicho!

Ladd, medio atontado, apenas era consciente de cómo su hermana pequeña agarraba de los pelos a una de las dos mujeres desnudas que había en su cama y la echaba fuera a gritos y golpes. Notó como su fuente de calor (la otra chica) se deshacía de su abrazo para huir despavorida con lo puesto (o sea nada), cruzándose en la puerta con un hombre moreno que parecía la mar de divertido con el espectáculo.

-Otra vez con el complejo de hermano, Belle-chan. ¡Me pondré celoso!- rió Alexandros con ganas mientras Ladd se incorporaba en la cama y se desperezaba con calma como si todo aquello no fuera con él.- ¿Cómo se supone que Laddcito va a encontrar pareja si tú no dejas de espantarlos a todos?

-Esas tipejas solo eran unas furcias, no se merecían estar con Ladd.- replicó muy segura de sí misma la chica. Se había sentado en la enorme cama, junto a su hermano mayor, y ahora estaba estrechamente abrazada a su pecho. El hecho de que Ladd estuviera completamente desnudo no parecía importarle a nadie.- Yo seré quien decida quién está a la altura de ser su pareja.

-Eres demasiado sobreprotectora, hermanita…

-¡Argh! Callaos ya los dos, me estáis dando dolor de cabeza.- se quejó el rubio, despierto por fin. Como pudo se deshizo del abrazo de su hermana y se bajó de la cama, rascándose la cabeza.- ¿Qué hora es ya, que estáis montando todo este escándalo?

-Las siete de la tarde. ¡Llevas durmiendo todo el jodido día! Eso te pasa por pasarte el día follando. ¡Pervertido! ¡Mal hermano!

-Belle tienes que hacer algo con tus bruscos cambios de humor y con tu vocabulario. ¡No son nada adorables!- protestó Alexandros, quien tenía una gran debilidad por la única chica de la familia.- Aunque lo odie, la fiesta de esta noche es también para encontrarte pareja a ti. Tienes que comportarte como una dama.

-¡No pienso acostarme con un completo desconocido!- gritó la muchacha, inflando los carrillos.- ¡Y mucho menos tener un hijo con él!

-No tiene sentido que discutas cuando ya está totalmente decidido.- intervino Ladd mientras se ponía los pantalones del pijama.- No olvides quién eres y qué eres, Belle.

La indiferencia que mostraba el rubio fue como un golpe directo al corazón de su hermana, quien se mordió el labio inferior en un vano intento de controlar las ganas de llorar. Alexandros suspiró fuertemente y se encogió de hombros, ¿acaso su tonto hermano pequeño no podía ser un poco más delicado al hablar? Ahora ella montaría una rabieta, seguro…

-¡¡Ladd Russo eres un jodido idiota!!

La almohada le dio de lleno al rubio en la nuca, pero cuando se giró para gritarle a la chica ésta ya había echado a correr por los pasillos de la mansión llorando. Ladd simplemente la observó con gesto serio, pero a Alex no le pasó desapercibido el brillo de su mirada.

-Laddcito a veces pienso que eres masoquista…

-No me llames así, gilip-…

-… ¿por qué no simplemente le dices la verdad sobre lo que hablaste con papá? ¿Tan malo es que sepa que no eres un demonio sin corazón?

Ladd no contestó y decidió que lo mejor sería ignorar a su hermano metiéndose al baño para ducharse. El portazo que dio fue indirecta suficiente para Alexandros. Ser unos cabezotas sin remedio también era un rasgo familiar.


~0~

La fiesta tenía pinta de irse a convertir en todo un éxito. Como mínimo era el evento social del año. Las familias Russo y Abaloni, dos de las más poderosas del país, se habían unido para organizarla; quien no estuviera allí no era nadie. O no lo sería dentro de poco.

Habían elegido el hotel más lujoso de Roma para celebrarla y no habían reparado en gastos: la decoración era maravillosa. La luz eléctrica había sido sustituida por la de las velas, mucho más adecuada para el ambiente misterioso y galante que se quería conseguir, y ahora miles de ellas adornaban la sala principal, la terraza y los jardines del hotel. El menú de la cena era tan exquisito que faltaban tenedores para valorarlo; el vino había sido traído especialmente de las bodegas de ambas familias, botellas casi tan antiguas como el propio hotel. Un regimiento de camareros especialmente escogidos para la ocasión entre los mejores del país atenderían a los invitados. La música correría a cargo de una orquesta de cuarenta músicos que tocaría en directo. Una horda de paparazzis esperaban en la entrada para poder captar alguna imagen de los distinguidos invitados, por lo que al final se había decidido montar un photocall y ahorrarse así que trataran de colarse a escondidas.

-¡¡Russo-sama!! ¡¡Russo-sama por favor una con su familia!!- gritó alguien entre la multitud de cámaras.

-Oh, por supuesto, por supuesto.- aceptó servicialmente un a todas luces contentísimo Giotto Russo, el cabeza de familia.- Vamos chicos, posad para las cámaras. Ladd,- añadió por lo bajo, a penas un susurro.- quítate el abrigo y la bufanda, por Dios. Dentro habrá calefacción.

Ladd fulminó a su progenitor con la mirada pero obedeció. A penas podía controlar los temblores de su cuerpo. Alexandros y Belle compartieron una mirada asqueada hacia su padre, más cuando Ladd quiso unirse la chica apartó el rostro con brusquedad, notablemente enfadada. Todos tuvieron que colocarse ante una fiera mirada de advertencia del patriarca: en total eran siete hermanos, seis varones y una mujer. Belle deslumbraba con su escotado vestido de fiesta rojo, una maravilla confeccionada específicamente para que causara sensación aquella noche, no por nada la fiesta era una tapadera para emparejar a algunos de los hijos de ambas familias.

Recientemente los Abaloni habían firmado un contrato por miles de millones de euros con los Russo, una alianza que los convertiría a ambos en la mayor potencia económica del país (y una de las más altas dentro de Europa también). Pero además de las empresas había algo más que había propiciado aquella unión: ambas eran familias Madararui.

En una población mundial en la que los Hombres-Simio (Enjin) suponían un 70% del total, los Madararui estaban en clara desventaja, más aún cuando su número se estaba reduciendo rápidamente como consecuencia de las bajas tasas de fertilidad de sus miembros. Gracias al parásito que los Abaloni habían diseñado las cosas habían mejorado un poco, pero aún estaban peligrosamente cerca de la extinción. Por eso los Madararui, los seres humanos que habían evolucionado de otros animales que no eran simios, se buscaban los unos a los otros con desesperación. No era raro que los padres de Belle quisieran encontrarle una pareja a pesar de tener tan solo 15 años: cuanto antes empezara más hijos traería para la familia. Pero Belle aún era una niña y no estaba preparada para afrontar tan enorme responsabilidad. Sus hermanos eran conscientes de ello, mas aun así ¿cómo hacer entrar en razón a su padre? Belle era una semilla-pesada y una Nekomata, la combinación perfecta para asegurar una abundante descendencia.

-Creo que aún sigue enfadada contigo.- comentó Alex con una sonrisita.

-No me importa una mierda.- aseguró el rubio, siendo el primero en alejarse de las cámaras.

-Sí, claro…

La llegada de los Russo causó una gran conmoción en la recepción. Todo el mundo quería echarles una miradita a aquella poderosa familia y a sus atractivos hijos. Gracias a su sangre Madararui y al hecho de que todos eran semillas pesadas o medias resultaban increíblemente atrayentes para la masa de simios. La concentración de feromonas en el hall era tan alta en esos momentos que las encargadas casi se pegaban entre ellas por ser las escogidas en recoger sus abrigos. Alexandros puso cara de asco al ver como una de ellas olisqueaba el suyo pensando que nadie la veía.

-Recuérdame que lo queme cuando lleguemos a casa.

-Ahora mismo le prendía fuego a todo el jodido hotel.

-¿A qué viene ese humor, Laddcito? Si es por el frío pronto entrarás en calor cuando pasemos a la sala principal.

-No puedo esperar, estoy helado.

Justo en ese momento una jovencita despistada chocó con él. Al darse cuenta de quién era se puso totalmente roja y comenzó a disculparse atropelladamente. Ladd le echó un rápido vistazo de arriba abajo y decidió que, aunque no era perfecta, le valía. Con unas pocas frases bien escogidas ya la tenía en el bote. Mientras la arrastraba a los lavabos más cercanos oyó como Alex le gritaba que no se demorara.

Ladd tenía frío, mucho frío. Y cuando tenía frío la mejor forma de calentarse era robándole el calor corporal a alguien más.

El sexo era sólo la manera más rápida de lograrlo. En pocos minutos estaba encerrado con la chica en uno de los cubículos, ella con las bragas por los tobillos y la camisa abierta y él deshaciéndose de la chaqueta, el chaleco y la camisa. El roce piel con piel… eso era lo que necesitaba. Un agradable calorcito lo recorrió entero cuando la penetró, haciéndole suspirar de alivio (y a ella de placer). Ella comenzó a gemir en su oído y a decir toda clase de cosas pervertidas para excitarlo pero él sólo podía pensar en esa calidez.

Embestida. Calor. Embestida. Calor. Embestida… y así hasta que se corrió. No era tan estúpido como para hacerlo dentro de ella, así que su falda terminó hecha un desastre, pero ese era problema de ella. Él simplemente se subió la cremallera de los pantalones y salió de aquel cubículo para adecentarse frente al espejo. Cualquiera que lo viera se sorprendería de lo tranquilo que estaba después del sexo… y de hecho allí había alguien para sorprenderse.

Era la chica más bonita que Ladd recordaba haber visto jamás.

Era bajita y delgada, apenas tenía pecho pero unas delicadas caderas se insinuaban bajo su vestido azul oscuro, largo hasta el suelo y con cuello de palabra de honor. Su pelo era de un azul claro, intenso y brillante, y lo llevaba recogido en un complicado moño que dejaba sueltos algunos mechones sobre su cara. Ni si quiera el parche que cubría su ojo izquierdo podía eclipsar la belleza de su rostro ni la hermosura del otro, grande, redondo, azul turquesa. Su maquillaje era sutil y delicado, no recargado como el que solían usar las mujeres en ese tipo de fiestas. Sobre su fino cuello de cisne brillaba un collar de diamantes del que pendía un pequeño escudo de oro con un emblema familiar que a Ladd se le antojó conocido.

Aquella chica parecía sorprendida de verle allí. Tal vez por su pelo ligeramente despeinado, su poderoso torso al descubierto… o por la chica semidesnuda que aún se retorcía de placer sobre el inodoro que dejaba detrás.

A Ladd poco le importó y simplemente comenzó a abrocharse la camisa con una sonrisa provocativa y sensual.

-Espero no haberle causado un trauma, señorita.- dijo como si tal cosa haciéndole una reverencia que más parecía una burla.

-Oh, no, no se preocupe. Cosas como estas se ven todos los días, no se sienta tan especial.- contestó ella con una sonrisa inocente y encantadora que casi conseguía disimular la puñalada verbal que acababa de soltar.

Ladd simplemente se rió ante la osadía de la muchacha y terminó de adecentarse para salir sin más del baño. Echó una última mirada a la muchacha peliazul sólo para darse cuenta de que ella también lo miraba con ¿interés? Desde luego no escandalizada, eso seguro.

Pero el rubio pronto se olvidó de la hermosa desconocida al volver a la entrada con su familia. Ni se molestó en fingir arrepentimiento cuando su padre lo sermoneó por desaparecer así. Si aquel viejo estúpido no le hubiera obligado a salir de casa en un día tan frío como aquel no habría tenido que ir a buscar calor a otra parte. En cualquier caso ahora que había llegado todos los Russo podían hacer su entrada triunfal en el salón.

Todo el mundo detuvo lo que estaba haciendo para observarlos llegar y romper a aplaudir. Ladd se sintió asqueado como siempre por toda esa falsedad: mirara a donde mirara sólo veía a gente que tenía negocios con su familia o quería tenerlos. Tan solo lameculos y aprovechados capaces de mover sus rabos de mono al son que su padre quisiera para tener su favor. Afortunadamente Ladd podía cegarse a sí mismo y evitar así tener que ver sus auras a todas horas (algo que le resultaba muy desagradable).

Pero Ladd sabía para lo que estaba allí y qué se esperaba de él: adoptó su mejor sonrisa falsa y se lanzó a las hienas.

En poco tiempo tenía un cuantioso grupito de muchachas en edad fértil rodeándole como moscas. Todas sonreían y se esforzaban por parecer encantadoras y bonitas, pero a Ladd no le daban más que asco. En su cabeza las clasificaba según su nivel económico y trataba de discernir con cuántas de ellas su padre le obligaría a acostarse. Ladd era como un semental: un ejemplar hermoso y poderoso que, en lugar de correr por los prados como debería, estaba encerrado en una cuadra asquerosa procreando. Ni si quiera quería saber cuántos niños había ya por el mundo con su cara y sus genes: para él el sexo sólo era una herramienta para conseguir calor y placer. Jamás había considerado ni consideraría a ninguno de esos niños como hijos suyos. Las familias de esas mujeres habían pagado una millonada a sus padres para que le prestaran el esperma de Ladd. Él iba, echaba unos cuantos polvos y se volvía. Su padre lo llamaba negocio, él prefería llamarlo por su nombre: prostitución. Pero entre los Madararui era algo normal alquilar machos para poner el esperma o hembras (fueran hombres o mujeres) para llevar a las criaturas en su vientre. En principio Ladd no habría tenido porqué vivir así ya que tenía otros muchos hermanos, pero ¡ah, sorpresas de la vida!, por una cosa o por otra todos tenían excusa para librarse. Actualmente los únicos que quedaban solteros eran Alex, Belle y él, pues sus padres ya habían acordado matrimonios de conveniencia para los demás. Y si quitabas de la ecuación a Belle por ser demasiado joven y a Alex por ser descaradamente homosexual solo te quedaba Ladd. Consecuencia: todos los encargos femeninos iban para él.

Y aquella noche no sería distinto. Estaban allí para cerrar un trato: uno de los herederos de la familia Abaloni y uno de los Russo tendrían que reproducirse para dar un niño que fuera el heredero común. Así se cerraría definitivamente el trato y las dos familias pasarían a unirse en una sola. Para los patriarcas era un plan perfecto y lo que opinaran sus hijos al respecto no podía importarles menos.

Ladd se fijó entonces en su padre, quien parecía bastante nervioso. Entendió rápidamente que se debía a que los Abaloni se estaban retrasando. Un poco tarde era de buen gusto, pero estaban peligrosamente cerca del tiempo en el que se consideraría una falta de respeto a sus co-anfitriones. Si no aparecían, Giotto Russo habría hecho el mayor ridículo de su vida.

-Sería una buena dosis de su propia medicina para nuestro padre, ¿no lo crees?- comentó Alexandros a su hermano, intuyendo el hilo de sus pensamientos.
-Sí, lo sería… pero no vamos a tener esa suerte.

Las puertas del salón volvieron a abrirse y se hizo el silencio tan solo un instante antes de que el público volviese a romper a aplaudir: los Abaloni habían llegado.

Si los Russo eran una familia con muchos hijos los Abaloni lo eran con muchos tíos. Sus empresas estaban divididas entre los hijos del patriarca, un anciano de más de 70 años pero que seguía en activo. Por raro que pareciera, de sus hijos sólo uno, el mayor, le había dado nietos. Había un escándalo entorno a todo aquello, ya que dos de esos nietos habían aparecido misteriosamente de la nada hacía pocos años. A la gente le gustaba mucho hablar pero nadie sabía la verdad detrás de aquello. Y a Ladd le importaba más bien poco. A él con que le dijeran dónde tenía que meterla le sobraba.

Pero entre todos aquellos tipos de aspecto altanero y prepotente alguien llamó su atención. Y la de Alex también.

-Vaya, vaya,- comentó tras un silbido de admiración.- pero mira que par de maravillas trae el señor Cornelio Abaloni. Me pido al chico, no me vayas a ser cabrón Ladd…

Pero Ladd no le estaba escuchando. Allí, de uno de los brazos de su padre, estaba la chica que se había encontrado en el baño. Una versión masculina (pero igualmente hermosa) de ella misma caminaba con cara de pánico del otro brazo. Pero ella se mostraba tan altiva como el resto de sus familiares, destilando orgullo y belleza por cada uno de sus delicados poros. Ladd recordó ahora que el emblema que pendía de su cuello no era otro que el de la casa Abaloni. Ella era su presa aquella noche.

-Que agradable coincidencia…- susurró para a sí con una sonrisa lobuna.

Los Abaloni fueron en primer lugar a saludar a la familia de Ladd, por lo que él y Alex tuvieron que acudir al encuentro de su padre. Lo primero eran las presentaciones, que dado lo numeroso de las familias se alargaron bastante. Ladd pudo hacerse una idea aproximada de cómo era cada uno de los tipos: el seguro de sí mismo Cornelio, el peligrosamente sonriente Dino, el estricto Giocobo, el espeluznante Fiorello (que había tenido el descaro de traerse a su mascota, un Inujininn) y el de la sonrisa de psicópata, Mosé. Unas joyas todos, vamos. Por supuesto estaba también Dillono, el patriarca. Y por último, pero no menos importante, los nietos. Cuando llegó el turno de que se los presentaran Ladd ni se molestó en disimular el interés que la peliazul despertaba en él.

-Y estos, Ladd-san, son mis hijos.- comenzó a decir Cornelio, quien parecía estar analizando a cada uno de los Russo solteros con gran cuidado.- Esta es Caterina, mi primogénita.

-Es un placer conocerle al fin, Russo-sama.- saludó la muchacha coquetamente, una sonrisa radiante por bandera. El rubio había estado tan pendiente de su hermana que ni si quiera la había visto y, ahora que la miraba por primera vez, tampoco se había perdido nada. Puede que Caterina fuese hermosa pero al lado de la peliazul no tenía nada que hacer: solo era una tipa más. Una que, por cierto, no parecía querer dejar nada de sus encantos femeninos a la imaginación a la vista del vestido que llevaba.- He oído hablar tanto de usted que estaba muy ansiosa por conocerle… ¡Oh, disculpe mi descaro! No sé ni lo que digo, es usted tan imponente que me deja sin palabras…

-Pues para haberte dejado sin palabras estás hablando bastante.- comentó él, haciendo que la peliazul, detrás de su hermana, rompiera a reír. Su hermano gemelo la miró con horror y luego a su padre, como si temiera que un comportamiento tan desvergonzado provocara su ira. Pero si a Cornelio le molestó la actitud de su otra hija su encantadora sonrisa no lo mostró en ningún momento. Ante todo había que ser políticamente correctos.- Y dígame, Cornelio-san, sus otros hijos…

-Oh, claro, claro. Estos,- añadió haciendo dar un paso adelante a los chicos.- son los mellizos: Haru y Angy.

-E-es un placer conocerle, Russo-san…- la voz de Haru era apenas un susurro, el chico estaba obviamente incómodo allí, aterrado incluso. Pero Alex estuvo rápido y se apresuró a estrecharle la mano y robarle así la atención a su hermano. Realmente no tenía intención de dejar que Ladd le robara aquel suculento manjar.- M-mucho gusto también…

-Llámame solo Alex, Haru-chan.

-¿A-alex? N-no podría llamarle solo por su nombre, señor…

Ladd desconectó de aquella conversación. Conocía demasiado bien a su hermano para saber cómo iba a acabar todo. Él estaba más interesado en la bella Angy, y ahora que alguien más había requerido la presencia de Cornelio tenía vía libre.

-¿Quién habría pensado que volveríamos a encontrarnos tan pronto? Debe ser el destino, Angy-sama.- dijo el rubio, tomando con sensualidad la mano de ella y besando el dorso enguantado.

-¿Cree usted en el destino? No le pega en absoluto, Ladd-san.- contestó ella con mirada juguetona.

Ladd se dio cuenta entonces de que llevaba mucho más maquillaje que antes y no le agradó mucho el cambio. Pero seguía tan increíblemente hermosa que no le dio importancia.

-Cuestión de suerte entonces. ¿Le apetece bailar conmigo?

-¿No está usted cansado por todo el ejercicio de antes?

Ladd sonrió ante su descaro.

-No es fácil cansarme, señorita. Tengo mucho aguante.

Ella rió coquetamente y posó su mano sobre su brazo, acariciando lentamente sobre la chaqueta.

-Sí… se le ve un hombre fuerte. Pero el baile tendrá que esperar. Creo que es la hora de cenar.

Ladd quiso retenerla un momento más pero ella se escabulló con un movimiento grácil y una sonrisa angelical. El rubio se fijó entonces en alguien que no les había quitado el ojo de encima en toda la conversación. Dino Abaloni le miraba de una forma que habría congelado las llamas del infierno. Ladd sólo le sonrió y le saludó con la mano antes de irse a cenar. Si lo que pretendía era intimidarlo lo llevaba claro.


~0~


La cena había concluido y con ella la poca paz que Ladd había podido disfrutar. Conforme trató de levantarse de la mesa su séquito de admiradoras lo placó, impidiéndole alcanzar su objetivo: la bella Angy. Tardó una eternidad en librarse “educadamente” de ellas y solo gracias a la intervención de Alex (que veía que su hermano iba a explotar antes o después y lo malo que eso podía ser para todos). Ladd se escabulló pensando en lo desdichadas que se sentirían todas si supieran que el alto y atractivo moreno de ojos verdes, un Nekomata de apariencia de tigre, era homosexual. Más de una lloraría, seguro.

Pero la peliazul parecía haberse desvanecido en el aire y, entre que la buscaba, Caterina lo encontró a él. La muchachita, escondida tras su batir de pestañas y kilos de maquillaje supuestamente natural (algo que Ladd nunca había entendido, ¿para qué gastarse un fortuna en un maquillaje que simulara que no ibas maquillada? Ni si quiera tenía sentido), le pidió el primer baile de la noche. El rubio notaba que se sentía atraída por él incluso sin contar con que su padre le habría dicho que lo engatusara. Y eso que estaba bloqueando sus feromonas de semilla pesada… Como no pudo negarse acabó bailando con ella durante un buen rato y perdiendo la paciencia en el proceso. Afortunadamente esta vez era Belle la que venía a salvarlo.

-¿Me disculpas, guapa? Me gustaría bailar con mi hermano.

-Por supuesto Belle-chan.- aceptó (pues no le quedaba otra) Caterina, aunque en la forma tensa de su sonrisa se notaba que no le hacía ni la más mínima gracia.

-Sin tantas confianzas, zorr-…

El insultó se perdió en el aire según Ladd alejaba a su hermana con un giro elegante que los introdujo de lleno en el vals que estaba sonando. Ladd ni se molestó en ocultar que el gesto de su hermana le había parecido divertido y ella, captando su sonrisa, lo entendió también.

-Esa pegajosa no te soltaba. ¡Por Dios, si hasta mí estaba llegando el olor de sus asquerosas feromonas de Ojo de Serpiente (Jyanome)! Esa va detrás de ti, hermano.

-¿Estás preocupada por eso, Belle? Creía que estabas enfadada conmigo.

-Me he cansado de estar enfadada contigo, es aburrido. Alex no me hace ni caso: ¡está que bebe los vientos por el niñato tuerto ese!- y era cierto, Alex no se separaba ni un centímetro de Haru, el cual parecía bastante incómodo de bailar tan cerca del mayor.- Y a mí el único que me hace caso es el tipo espeluznante ese, Mosé o como se llame. Puaj, tan solo su contacto de serpiente ya me da asco. ¿Por qué tenemos que juntarnos con esta familia de Ojos de Serpiente? A mí me gustan más los Madararui de tipo gato u oso…- añadió con un tierno puchero.- Las serpientes me dan miedo…

-¿Insinúas que yo también te doy miedo?- preguntó él con sorna a pesar de saber que su hermana no quería decir eso.

-¡Claro que no! Ladd, no eres como ellos. Además tú eres mitad Dragón de lluvia (Mizuchi) y eso te hace mucho más cool que ellos.- Ladd la hizo dar una vuelta sobre sí misma y volvió a tomarla de la cintura, el ritmo del baile aumentaba pero ambos hermanos lo seguían con una soltura envidiable.- En cualquier caso no dejes que ese tipo se acerque tanto a mí, ¿sí? Es una cobra egipcia.

-¿Le has mirado el aura? Eso es de mal gusto Belle, si papá se entera te va a caer una buena bronca…- su gesto serio pronto cambió a uno de complicidad.- Bien hecho pequeñaja.

-Jeje, sabía que estarías de mi parte.- la música se detuvo de pronto y todas las parejas pararon de bailar para aplaudir a la orquesta.- Y de paso he visto otra cosa de lo más interesante. ¿Quieres saberlo?

-¿Qué me va a costar esa información?

-Nada importante, solo que me prestes un día de estos tu Harley…

-Belle, la Harley no…

-¡Jo, pero es un cotilleo super fuerte! Sabes que nadie es mejor que yo leyendo auras y viendo las apariencias animales de la gente. ¡De verdad, de verdad, de verdad que te va a interesar!

Ladd suspiró, totalmente derrotado por su maquinadora hermana de quince años.

-¡Yuhuuu! Bien, bien, te lo diré.- la muchachita se puso de puntillas para alcanzar el oído del rubio y susurró.- Hay algo extraño en los mellizos. No sé que es, pero algo raro le pasa a sus auras. Es como si…- Belle no parecía saber muy bien cómo explicarlo.-… como si no mostraran todo de sí, ¿me entiendes?

-No mucho.

-Mou, ¡Ladd eres un idiota!- el rubio recibió los puñetazos cariñosos de la chica sin comentar nada sobre que no era culpa suya que ella se explicara tan mal.- Estoy cansada de bailar, voy a por algo de beber. ¡Espérame aquí!

Ladd aprovechó para huir hacia los jardines. Nunca había tenido mucha palabra.

Estaba bastante arto a aquellas alturas de la fiesta, aunque el resto de los suyos parecían pasarlo genial (especialmente Alexandros). Se escabulló entre los matorrales del enorme jardín y, al amparo de la noche, buscó un lugar solitario entre los árboles ornamentales para fumarse ese cigarrillo que tanto necesitaba. La primera calada fue mejor que un orgasmo. Era el último del paquete y pensaba disfrutarlo de verdad.

-¿Huyendo también del bullicio?

Ladd se atragantó con el humo por la sorpresa y empezó a toser, ocasionando que la traviesa Angy volviera a romper a reír a carcajadas. Su risa era verdaderamente angelical, pero el hecho de que se riera de él le restaba bastantes puntos.

-Algo así…- terminó por responder a malas penas. La jovencita estaba sentada en un banco de piedra cercano al árbol tras el cuál él se escondía. Bajo la luz de la luna de Diciembre era aún más hermosa si cabía: una niñita vestida de mujer. Todo un encanto.- ¿Y tú qué? ¿No estará tu querido tío Dino echándote de menos?

El comentario pretendía ser una simple broma pero una sombra de reproche asomó por su ojo descubierto logrando que Ladd se sorprendiera. ¿Había tocado acaso una fibra sensible? Angy se levantó y se sacudió el polvo de su elegante vestido de fiesta, caminando entonces con un repiqueteo de tacones hasta él.

-Mi tío está muy bien solo, gracias por preguntar. ¿Me das uno?- añadió de manera algo brusca, señalando el cigarrillo.

-Lo siento, es el último. Pero una dama como tú no debería fumar, preciosa.

-No soy una dama.- le espetó ella tranquilamente, arrebatándoselo de la mano antes de que él pudiera evitarlo.- Y tampoco soy quisquillosa, éste mismo me vale.- ni corta ni perezosa le dio una calada a su cigarro con aquellos labios rosados y suaves (haciendo que Ladd se sintiera celoso de su propio cigarrillo) y luego expulsó el humo lentamente.- Aaah~, realmente lo necesitaba. Dime Ladd, ¿ya te cansaste de bailotear con mi hermana?

-Me gustaba más cuando me llamabas Ladd-san, si se me permite opinar al respecto. Y sí, puede que sí… ¿Por qué lo preguntas? ¿Celosa?- el rubio la miró con suspicacia y alzó una ceja juguetonamente.- También bailaría contigo si me lo pidieras.

-Oooh, sí, muy celosa.- replicó ella irónicamente.- Se te ve el típico hombre que bailaría con cualquiera. Mi hermana te importa lo mismo que esa camarera del baño, ¿o me equivoco?

Suspicaz, muy suspicaz, pensó Ladd.

-O menos, incluso.- añadió con descaro.- De hecho no me gusta nada de nada.

-Y aun así estás planeando dejarla embarazada. Qué hombre tan cruel.- la damita se encogió de hombros; parecía más divertida y resignada que otra cosa.

-Solo son negocios, ¿qué esperabas, que la invitara a salir antes? Los sentimientos no tienen cabida en el mundo de los Madararui, preciosa. O, al menos, no en el nuestro.- Ladd se apoyó en el árbol y se inclinó hacia delante quedando muy cerca de Angy.- Ni en el mío, ni en el tuyo. Y te recomiendo que si piensas de otra manera vayas abriendo los ojos antes de que sea demasiado tarde.

Angy apartó levemente la mirada y entonces Ladd notó algo raro en su cara: una de sus mejillas estaba levemente enrojecida, como si estuviera sonrojada. Pero sólo una, lo que era bastante raro…

-Creía que existía el amor a primera vista entre los Madararui.

-No es amor, son feromonas. Soy un semilla pesada, si liberara ahora mismo mis feromonas hasta tú caerías a mis pies.- y, como si fuera una advertencia, el mayor comenzó a liberar una pequeñísima cantidad de esta sustancia. Supo que Angy la había captado al ver cómo olisqueaba el aire y se ponía tensa.- ¿Lo notas? Podría ponerte tan excitada que me rogarías que te lo hiciera aquí mismo…

-E-eres un descarado y un creído.- replicó Angy, tratando de controlar sus instintos más bajos, que comenzaban a despertar. Estaba obviamente molesta por el “ataque” del mayor, así que hizo algo radical.- ¿Y quién crees que soy yo, eh?

Angy se quitó la gargantilla de su familia.

Y entonces pasó algo muy extraño: un olor maravilloso, el más delicioso que Ladd pudiera haber percibido jamás, llenó sus fosas nasales y lo hizo estremecer. El olor provenía sin duda de aquella chica, quien ahora lo miraba con la victoria pintada en la cara. Ladd ni si quiera sabía cómo reaccionar: estaba paralizado. No podía pensar más que en acercarse más a ella, en captar más de ese olor… y así lo hizo.

Inclinándose hacia delante y antes de que Angy pudiera evitarlo, Ladd la besó.

Angy trató de resistirse y golpeó repetidas veces el pecho del rubio, pero éste reaccionó abrazándola estrechamente contra sí para no dejarla escapar. Poco a poco ella se vio obligada a rendirse y, cuando finalmente cedió y abrió los labios, Ladd no dudó en introducir la lengua en su boca.

-¡Angy! ¡Angy, ¿dónde diablos te has metido?!

La pareja se separó en el acto y ambos se quedaron unos instantes mirándose sin saber qué decir. Angy rápidamente volvió a ponerse el colgante. Sus labios estaban rojos y su respiración, al igual que la de Ladd, era agitada.

La voz de su tío Dino sonaba cada vez más cerca.

-Sígueme la corriente.- le susurró a la chica, y entonces la tomó de la mano y tiró de ella hasta llegar al camino principal del jardín, encontrándose de lleno con el acalorado Abaloni (que nada más ver a Ladd trató de recuperar la compostura).-… y ese árbol de allí es un roble de más de ciento cincuenta años, Angy-san. Oh vaya, Dino-san, qué fantástica coincidencia. Justo ahora le estaba terminando de enseñar el jardín a su sobrina.

-Ya, claro.- respondió Dino, claramente escéptico. La mirada que le lanzó entonces a Angy daba bastante miedo.- Te dije que no te alejaras de mí.

-No me-…

-No se preocupe, Dino-san. Conmigo está segura. Mi padre ha insistido mucho en que debía llevarme bien con sus sobrinos.- la mirada de Ladd lo decía todo y era una amenaza a la vez. Sabía que Dino era un segundón y que a quién tenía que rendir cuentas era a Cornelio. Por muy fría que fuera su mirada de serpiente, la de Ladd lo era más.- Además Angy-san ha insistido mucho en concederme un baile y a eso mismo íbamos ahora, ¿verdad?

-… ¿verdad?- contestó ella dubitativa sin saber muy bien qué pretendía aquel extraño sujeto.

-¡Pues no se hable más!- el rubio tiró de ella y al pasar junto a Dino le tocó el hombro con camaradería fingida.- No se preocupe, yo la cuido.

-Más le vale…

La pareja finalmente se alejó por el camino con pasos apresurados. En cuanto doblaron la esquina Ladd comenzó a reír y Angy hizo un esfuerzo por no seguirle la corriente.

-Eres un estúpido. No deberías hacerle frente a mi tío.

-¿Por qué no? ¿Acaso no acabo de ganar un baile con la chica más guapa de la fiesta a cambio?- incluso sin las feromonas Ladd estaba radiantemente atractivo en esos momentos, o al menos así lo veía Angy.

-No soy la chica más guapa de la fiesta…- masculló ella volviendo a apartar la mirada un tanto.

-Para mí, sí.

Angy miró sorprendida a aquel tipo. Ladd Russo era un hombre muy extraño, pensó. Iba de don Juan y pensaba que la tendría en su cama solo con esas frases trilladas y ese aura de “yo lo valgo” y esa prepotencia y ese encanto salvaje y ese cuerpazo que tiraba de espaldas… Maldita sea, ¿qué rumbo estaban tomando sus pensamientos?

De repente el rubio soltó su mano; habían llegado de nuevo al salón. La orquesta estaba empezando a tocar el Vals de las Flores de Tchaikovsky. Angy vio a su hermana acercarse entre la multitud, dispuesta a robarle al rubio y acapararlo para ella sola. Su orgullo no le permitió cederle su premio a aquella mocosa odiosa y malcriada.

-Bailemos entonces.- aceptó al fin y extendió su delicada mano enguantada hacia el mayor.

Ladd sonrió para sí y aceptó aquella mano, apresurándose a tomarla también de la cintura y empezar a moverse por la pista de baile.

Ambos eran expertos bailarines, pues se habían educado en un mundo de alta alcurnia donde aquellas fiestas de estilo clásico estaban a la orden del día. Se movían por la pista con una soltura que hacía a todos detenerse a mirarlos. Había algo hipnótico en la forma en la que giraban al son de aquella pieza del Cascanueces. Todos los que los miraban recibían el mismo mensaje inconscientemente: aquellos dos habían nacido para estar juntos. Nadie habría sabido explicar qué los llevó a tan extraña conclusión, pero hasta los propios Ladd y Angy lo notaron. Ladd no quería soltar aquel esbelto y pequeño cuerpo entre sus brazos, como no quería perder de vista aquel rostro de ensueño. Angy era todo lo que él buscaba en una mujer… salvo por un pequeño detalle que no tardaría en descubrirse. Por su parte ella se dio cuenta de que nunca se había sentido tan cómoda en los brazos de alguien más y aquella extraña sensación, ese pálpito que la recorrió la primera vez que lo vio en el baño, volvió a repetirse. ¿Acaso aquello era de lo que su madre le había hablado? ¿Era ese egocéntrico y prepotente hombre de ojos azules a quien estaba esperando?

Ninguno de los dos creía mucho en el amor a primera vista del que Angy había hablado. Pero lo cierto era que, les gustara o no, entre los Madararui se daba de verdad. Era la llamada de los genes… y no se la podía ignorar.

La canción terminó y el público rompió a aplaudir. Toda la sala se los había quedado mirando por ser, con diferencia, la pareja más hermosa de la fiesta. Caterina bullía de celos y envidia, sola en una esquina, mientras Giotto se aproximaba a su hijo para felicitarlo y obligarlo a formar parte de una conversación junto a Cornelio.

Durante un buen rato ambos padres se enzarzaron en una larga conversación sobre familia y negocios que a Ladd no le interesaba: lo único que llamaba su atención era lo tensa que parecía Angy ahora que bailaba con su tío Dino… y lo fuerte que parecía estar apretando éste su mano mientras giraban por la pista.

La fiesta siguió su curso y finalmente terminó bien entrada la madrugada. Ladd había perdido totalmente de vista a la peliazul hacía mucho tiempo y ahora era arrastrado por su padre, junto a Alex y Belle, hasta una de las habitaciones más lujosas del hotel. Era hora de hablar de negocios.

-¿Y bien? ¿Qué os han parecido los Abaloni?- preguntó Giotto, un poco más bebido de la cuenta y claramente feliz por el desarrollo de su fiesta.- ¿Cuál os gusta más?

-A mí me gusta el chiquillo, Haru. Consíguemelo papá.- se apresuró a pedir Alexandros, tan caprichoso como siempre.

-Eso no va a ser posible hijo. Lo he hablado con Cornelio pero Haru no ha sido tratado con el parásito. Ya tienen dos hijas, esperan convertir a Haru en un buen macho. Tal vez Belle…

-Ni lo sueñes papá. A mí con esa nenaza pichacorta no me lías, ¿me oyes? ¡Me niego a acostarme con alguien más femenino que yo!

-Vale, vale, calma… ¿Y tú Ladd? Se te veía muy bien bailando con su hija.- comentó el hombre, esperanzado.- Te ha gustado, ¿verdad que sí?

-Sí bueno, no estaba mal…- remoloneó el rubio, pues decir de golpe que estaba deseando acostarse con ella heriría su imagen de tipo duro.

-¡Perfecto entonces! Le diré a Cornelio que has aceptado reproducirte con su hija. ¡Estará encantado, seguro!

Continuará...
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Nariel Sinner el Febrero 11th 2012, 6:56 am

sin duda alguna una obra de arte, aun que me encanta las emociones que pudiste compilar en la escritura..
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Ángelo Da Vinci el Febrero 11th 2012, 10:27 am

Cariño, sabes que me encanta como escribes... Pero esto... esto es...

UNA OBRA DE ARTEEEEEEEEEEEEE

¡Quiero ya los siguientes capiiiiis! ¡No puedo esperaaaaaaaar!
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Belle Russo el Febrero 12th 2012, 9:25 am

Estaba esperando a entrar al orde para poder escribir,porque es digno de verlo en ordenador y escribirlo en ordenador...
TE AMO,TÍA. Si no fuera porque estoy con Lore y somos hetero las dos me casaba contigo,te violaba y me divorciaba -Es su forma de amar xD-
Jou,síguelo,síguelo que me tienes toda intrigada *W*
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Ladd Russo el Febrero 13th 2012, 8:30 am

¡Muchas gracias a las tres! Me alegro mucho de que os haya gustado ;O; Y como lo prometido es deuda, aquí traigo el capítulo dos, un poco más corto que el anterior y más bien agridulce (?). El tres también lo tengo ya así que no tardaré mucho en subirlo ¡A disfrutar! >w<

P.D.: en este cap ya hay lemmon como Dios manda, aunque personalmente no me gusta mucho... ¡pero habrá más (muchos más xD) y mejores!


Capítulo II

Puede que Cornelio sí, pero Ladd no estaba nada encantado con el acuerdo.

No era en ella en quien pensaba cuando aceptó acostarse con una de las hijas de Cornelio. Pero ahora, una semana después de la fiesta, se encontraba en la suite de lujo del mismo hotel firmando un contrato con Cornerlio Abaloni y su hija Caterina. Al verla, Ladd se había negado en redondo y su padre, asustado por ofender a su nuevo socio, trató de hacerlo entrar en razón en la habitación contigua.

-Yo me refería a la otra hija, papá. ¡No quiero saber nada de esa!

-Pero hijo, ¿qué más dará una que otra? Solo entra ahí y hazle un hijo tan bien como tú sabes.

-¡Qué no me sale de los huevos! ¡El contrato dice que tengo que convivir con ella durante todo el embarazo! ¡¿Cómo coño se supone que voy a aguantar a la estirada esa todo ese tiempo?!

-¡Por Dios Ladd deja de gritar que te van a oír!- suplicaba Giotto.- ¿Cómo quieres que les diga que ha habido un error? ¡Vas a hacer esto porque yo te lo ordeno!

-¡¡No!!

El sonido del bofetón cortó el aire. Ladd se detuvo justo a tiempo para no devolverle el golpe a su padre por instinto. Era la primera vez que su padre le cruzaba la cara. Pero si con ello quería que su hijo le temiera el tiro le había salido por la culata.

-Piensas que soy estúpido, ¿verdad papá? ¿Crees acaso que no sé lo desesperada que está esa familia por conseguir un heredero para su próxima generación? He investigado a los Abaloni, su tasa de fertilidad es incluso más baja de lo normal para los Madararui. Y la única razón por la que se han ido a juntar con una familia como la nuestra es que nuestra tasa es, por el contrario, mayor que la media. Especialmente la mía, que a pesar de ser un semilla pesada acierto casi siempre. Por eso sé que aunque le digas que quiero a la otra hija no se van a quejar.- todo aquello había sido dicho con un tono serio, calmo y frío, uno que hizo a su padre estremecer.- Ahora sal ahí y diles que o me traen a Angy o el trato se va a la mierda, ¿me entiendes o te hago un croquis?


~0~


Caterina estaba furiosa. Mucho más furiosa de lo que nunca había estado. En esos momentos estaba pagando su frustración con la porcelana fina del salón. En cuanto vio aparecer a Angy y Haru por allí, alarmados por el escándalo, la emprendió con ellos. Angy se llevó un platazo en la cabeza cuando intentó proteger a su gemelo. Cornelio gritó. Dino gritó. Haru se tapó los oídos y trató de desaparecer mientras su hermana lo abrazaba para protegerlo, recibiendo todos los golpes en su lugar.

Pero a pesar del dolor estaba contenta. Él la había elegido. No a esa estúpida psicópata de Caterina sino a ella, a Ángelo.

Ahora solo había un problema: ¿cómo se tomaría Ladd la verdad?


~0~


Ladd estaba muy ansioso. Una semana más había pasado desde que se negara a acostarse con Caterina. Al principio Cornelio se había negado al cambio (y Ladd no entendía muy bien porqué) pero finalmente había cedido. Tal y como Ladd esperaba para ellos era de vital importancia que ese bebé viniera al mundo. Tampoco entendía por qué el cambio no había sido inmediato: se suponía que dejarían a Caterina en casa y traerían a Angy. Pero poco después llamaron para aplazar la cita nada menos que una semana. El rubio no tenía mucha paciencia y aquello lo estaba desquiciando. Su deseo por esa mujer crecía exponencialmente día a día, tan solo alimentado por el recuerdo de aquel único beso.

Por fin su padre lo llamó para que bajara a firmar. Era la hora, por fin estaban allí.

A pesar de no ir vestida de gala Angy estaba increíblemente hermosa con su sencillo vestido de lino blanco, discreta y preciosa. Pero no la acompañaba Cornelio como era de esperar, sino Dino. Ya que Ladd había cambiado los planes iniciales los Abaloni habían insistido en hacer sus propias modificaciones al contrato. El primer punto, y también el más extraño, era que Giotto no estaría presente en la firma.

-Mi sobrina permanecerá confinada en el hotel mientras dure el embarazo y no saldrá bajo ninguna circunstancia.- estaba diciendo en esos momentos el peliplateado. Miraba a Ladd con tanto odio que casi dañaba.- Si se rompe esa cláusula se rompe el contrato y nos la llevaremos a ella y al bebé. También tendrá prohibido comunicarse con nadie desde aquí, sólo podrá recibir llamadas desde fuera. Te asegurarás de que en ningún momento el bebé corra peligro y si no eres capaz de dejarla en cinta en menos de una semana te la quitaremos también.

Angy tan solo escuchaba aquellas cosas en silencio desde su lugar en el sillón junto a su tío. Se mantenía firmemente sentada, con las piernas muy juntas y la cabeza gacha, agarrando el borde de su vestido con los puños cerrados. Parecía que fuese a echarse a llorar pero en realidad sus temblores eran de ira contenida.

-No entiendo a qué vienen todas estas estúpidas reglas. ¡Ni que fuera a intentar escaparse!- pero mientras lo decía Ladd se dio cuenta de que probablemente era eso mismo lo que esperaban que pasara y lo que querían evitar.

-Si así lo hiciera la responsabilidad sería tuya, Russo.- amenazó Dino.- Y ahora, ¿vas a firmar o volverás a echarte atrás?

Ladd apretó el puño ante aquella indirecta pero sonrió con prepotencia.

-Firmaré, tíito Dino. Ahora vamos a ser familia, ¿verdad?

Aquello pareció joderle más que un puñetazo, así que el rubio estaba satisfecho. Ambos firmaron y cuando Angy fue a hacerlo Ladd vio que dudaba. Su tío la apremió con un codazo más fuerte de lo estrictamente necesario. Ladd se quedó mirando la firma un instante cuando terminó de plasmarla: Ángelo Abaloni. Dino notó su sorpresa y sonrió triunfalmente.

-Espero sinceramente, Ladd-san, que el hecho de que mi sobrina sea un hombre no le moleste demasiado.- dijo entre risas justo antes de salir de la habitación y dejarlos a ambos a solas. Aquella serpiente había lanzado su dentellada antes de escabullirse.

Entre ambos se hizo un silencio largo e incómodo.

Ladd miraba a la chica (que no lo era tanto) con estupefacción. Bajo aquella intensa mirada Ángelo no pudo más que sonrojarse violentamente de vergüenza e ira.

-Lo siento, ¿vale? No es que quisiera ocultártelo. Pero no podía decírtelo, no me dejaban decírtelo.- comenzó a explicarse torpemente, incapaz de mantener la mirada de Ladd.- ¡No me mires con asco!

-No te miro con asco.

-¡Sí que lo haces!

-Muéstramelo.

-¿Eh?- Ángelo lo miró sin entender.

-Que me lo enseñes. Levántate la falda.

-¡N-no voy a hacerlo si me lo pides así! ¡¿Quién diablos te crees que eres?!

-Entonces, ¿podría por favor la señorita, o el caballero o lo que sea, hacerme el enorme favor de alzarse los bajos del vestido?

El peliazul quiso quejarse pero se dio cuenta de que no serviría de nada: tarde o temprano tendría que ceder. Mejor terminar con aquella farsa cuanto antes y así podría volver con Haru…

Haru. Eso le hizo recordar la amenaza de su padre: si no se quedaba embarazado las represalias irían directamente para su gemelo. Ángelo era el fuerte de los dos, Haru era tan tímido y delicado… no soportaría uno de los castigos de los Abaloni. No uno que compensara el haberles fallado en algo así.

No importaba cómo Ángelo debía conseguir que Ladd le follara, aún si su extraño cuerpo le desagradaba.

Así que se puso en pie, se armó de valor y, tomando el borde de su vestido, lo levantó para mostrar su ropa interior. Ladd alzó una ceja y Ángelo creyó que diría algo desagradable, pero lo único que hizo fue decirle que se acercara porque desde tan lejos no veía nada. El muchacho se mordió el labio por no soltarle un bordería sobre ser un viejo cegato y obedeció, plantándose justo a diez centímetros de Ladd, de manera que la cara de este quedaba a la altura del ombligo de él.

-¿Suficientemente cerca?

-Sí, mucho mejor.

Ladd estaba bastante impresionado. Era obvio que bajo aquella ropa blanca de encaje había un pene y un par de testículos completamente normales. Pero la curiosidad del rubio iba más allá y no se cortó a la hora de bajar la prenda.

-¡Ey!- el chico trató de resistirse.- ¡Basta, ¿qué haces?!

-Separa las piernas.- como el muchacho no ponía de su parte Ladd tuvo que forzarlo un poco. Y allí estaba, justo debajo de los testículos y antes del ano: una vagina. Pequeña y rosada, e indudablemente femenina. Ángelo estaba muy rojo y aunque intentaba mantener la fachada de indiferencia lo cierto es que se quería morir aunque solo fuese un poco. Ladd tragó saliva con algo de dificultad y pronunció una sola palabra.- Fascinante.

-¿Ha?

Desde luego no era la descripción que Angy esperaba. Asqueroso, raro, pervertido… cualquiera de esos habría sido normal. Pero fascinante… ¿qué parte de aquello era fascinante?

-Han usado el parásito contigo, ¿verdad? Pero nunca había visto uno que hiciera esto… pensaba que solo creaban úteros transitorios, para un solo embarazo. Pero esto no parece que vaya a desaparecer así como así… Quieren hacer de ti una fábrica de bebés, ¿o me equivoco?

-No hables como si entendieras, Russo.- replicó él con el ceño fruncido, el enfado empezando a sustituir a la vergüenza conforme se daba cuenta de que a Ladd no le asqueaba.- Experimentaron conmigo un nuevo tipo de parásito que crea andróginos perfectos. Soy un hombre pero puedo tener bebés de forma natural… al menos en teoría.

-No pareces contento con ello.- comentó el rubio, desviando solo un instante su atención de la entrepierna del chico para mirarlo a la cara.

-¿Quién lo estaría? Es asqueroso… Yo no quería esta cosa…

-Hmm…- Ladd volvió a fijarse en la intimidad del chico y tocó con su índice la cálida abertura. Ángelo se estremeció involuntariamente y el rubio sonrió.- Pues a mí me parece jodidamente sexy. De hecho creo que me estoy poniendo cachondo.

-¿Qué? ¿Cómo puede ponerte eso?- reprochó el chico sin entender cómo funcionaba la mente de aquel hombre.

-No lo sé, pero siempre he querido follarme un andrógino. Es una… sorpresa agradable, supongo.- siguió tocando aquella sensible piel, concentrándose ahora en el pequeño clítoris. A Ángelo se le escapó un gemidito y su miembro reaccionó, algo que pareció encantar al rubio.- Vaya, vaya, qué interesante. Así que si te toco aquí…- volvió a acariciar la zona, que empezaba a humedecerse.-… te excitas como una mujer.

-B-basta…- exigió Ángelo, la voz temblorosa por la sorpresa de lo bien que se sentía que le tocara aquel hombre.

No quedaba nada de inocencia en su cuerpo, no era la primera vez que le tocaban así y que le usaban para aplacar instintos sexuales, él mismo había llegado (para su desgracia) a disfrutar aquellos encuentros… Pero nadie, nunca, le había hecho encenderse tan rápido como aquel rubio estaba consiguiendo.

-¿Por qué? Parece que te gusta… Te estás humedeciendo, no te molestes en negarlo.- su sonrisa prepotente le hacía ver aún más sexy que de costumbre.- Simplemente déjate llevar, Ángelo. Soy un amante experto, seguro que disfrutas.

-¿Y t-te crees que yo no?- sin querer quedarse atrás Ángelo tomó la iniciativa y se sentó sobre el regazo del mayor comprobando para su sorpresa que realmente se estaba excitando sólo con verlo semidesnudo. El peliazul se restregó un tanto contra Ladd.-… Soy capaz de hacerte perder el sentido de placer.

-¿En serio? Me gustaría mucho comprobarlo.

Aquel par se miró intensamente un instante antes de perder el control.

Se fundieron en un beso intenso y pasional, mucho más salvaje que el primero que se habían dado. Ladd pudo confirmar su teoría de que los labios de aquel muchacho eran los más deliciosos que había probado jamás; aquel extraño escalofrío que los había recorrido en su primer encuentro volvía a hacer acto de presencia. Ángelo se abrazó al fuerte cuello del mayor y se pegó a él como si quisiera que se fusionaran. Sus caderas se movían sobre la entrepierna de Ladd, provocándole, incitándole, encendiéndolo de deseo por aquel hermoso y extraño cuerpo adolescente.

De repente Ángelo sintió que era alzado y se agarró fuertemente para no caer. Un instante después era lanzado sobre las blancas sábanas de seda de la enorme cama de matrimonio del dormitorio de la suite. Tan solo tuvo tiempo de intercambiar una mirada hambrienta con aquel hombre que lo observaba como si fuera a devorarlo allí mismo. Ladd se colocó sobre él y le sacó rápidamente el vestido para lanzarlo lejos, muy lejos, e inmediatamente comenzó a besar su fino cuello, sorteando el estorbo de que suponía la cadena de oro que llevaba y arrancándole quedos gemidos al muchacho.

Mientras el rubio descendía por el cuerpo del otro se preguntó qué le estaba pasando. El olor de Ángelo lo estaba volviendo loco y él mismo ya no era capaz de controlar sus feromonas. El peliazul estaba embriagado por ese olor a macho que desprendía Ladd, todo su cuerpo estremeciéndose bajo sus caricias expertas y sus besos fogosos. Le deseaba… Le deseaba tanto que hasta dolía. Las manos del menor tomaron con firmeza los fuertes hombros del rubio, hundiendo las uñas en ellos cuando comenzó a lamer uno de sus pezones por encima del fino sujetador de encaje que aún llevaba (aunque no por mucho más tiempo). Los gemidos de Ángelo eran altos y sinceros y habrían bastado por sí solos para derretir los polos de lo calientes que eran, pero aún se volvieron más intensos cuando Ladd se abrió paso entre sus piernas y comenzó a lamer su excitado miembro al mismo tiempo que volvía a acariciar su vagina con dedos expertos. Aquello era más de lo que Ángelo podía aguantar.

-¡¡Aaaahm, Laa~d!!... Ladd… ¡Mmm! ¡Ahí, ahí! Aaaaahm~…

-¿Aquí?- preguntó él con aquella voz profunda y masculina que lo hacía totalmente irresistible. Ya tenía tres dedos dentro de Ángelo y casi no podía aguantar su propia excitación.- ¿Es suficiente con mis dedos, Ángelo?

-N-no… no, no, no… Dámelo Ladd, ¡q-quiero tu polla!- gimió desesperado bajo él.

Ladd sonrió de manera lobuna, relamiéndose los labios, y abandonó la intimidad del chico sólo para deshacerse de su propia ropa. Normalmente no se molestaba en desnudarse cuando follaba, pero en aquella ocasión deseaba sentir la piel de Ángelo contra la suya. El menor simplemente se lo quedó mirando, tratando de mantener constante su respiración y preguntándose cómo podía ser tan increíblemente sexy aquel hombre. El amplio y trabajado torso de Ladd brillaba por el sudor y su piel estaba inusitadamente caliente. Pero eso no fue lo que más le llamó la atención del cuerpo del mayor. Oh, claro que no…

-E-es enorme…- masculló al ver el miembro erecto de Ladd posicionarse entre sus piernas, aunque por su tono se veía que más que asustado estaba excitado.

-Tranquilo, no te haré daño.- le respondió el rubio e, inesperadamente, se detuvo un momento para volver a fundirse en un beso apasionado con el menor. Ni él mismo entendía por qué se estaba comportando así cuando normalmente lo habría metido y sin preparar a su pareja antes si quiera. Pero había algo en Ángelo que despertaba en él una extraña necesidad de protegerlo.

Ladd dirigió su miembro hacia la vagina del muchacho y comenzó a penetrarlo lentamente. Ángelo gimió y se abrazó fuertemente a él, arañándole la espalda en un intento de contener la mezcla de placer y dolor. El propio Ladd se creía morir de placer conforme se habría paso en el cuerpo del otro, tan cálido y húmedo… Era simplemente maravilloso. Terminó de introducirse en él y esperó unos instantes antes de comenzar a moverse.

Las respiraciones agitadas y los gemidos de ambos se mezclaban en el ambiente de la habitación. Las sábanas yacían bajo ellos húmedas y desordenadas, la cama chirriaba ligeramente por la fuerza de las embestidas. Ángelo y Ladd tan solo dejaban de besarse lo justo para coger aire y liberar algo de tensión en forma de gritos. La sincronicidad que estaban mostrando sus cuerpos para ser la primera vez que estaban juntos era increíble. Finalmente un potente escalofrío recorrió la espina dorsal de Ladd y se apresuró a tomar el miembro de su amante para masturbarlo y terminar así los dos juntos. El semen de Ángelo salpicó con violencia el torso de ambos mientras el de Ladd llenaba al chiquillo. El orgasmo fue tan fuerte que no pudieron más que quedarse tumbados, el mayor encima del menor, intentando recuperarse.

El seductor olor que desprendía el peliazul parecía arropar amorosamente a Ladd. Él simplemente se movió un poco para no aplastar al chico y, saliéndose de su interior, se quedó recostado sobre su pecho, arrullado por los latidos del corazón de Ángelo. Aquel había sido el mejor polvo de su vida, con todas las letras. No entendía por qué (la mecánica había sido la misma que siempre) pero había algo diferente entre ellos, una conexión especial. De nuevo aquella sensación de que estaban llamado el uno para el otro… Tenía que sacarse esas estúpidas ideas de la cabeza.

Estaba tan a gusto, tan relajado, que ni cuenta se dio de que su cuerpo comenzó a cambiar.

Notó lo que ocurría al escuchar el grito de sorpresa de Ángelo. Ladd alzó la cabeza y tanteó el aire con la lengua mientras observaba la situación. Mierda. De alguna manera el chico parecía aterrado al verlo así, en su forma animal.

Ladd se había convertido en una enorme pitón blanca como la nieve y de fieros ojos rojos.

Aquello no era raro, les pasaba a todos los Madararui cuando bajaban la guardia por el cansancio, la excitación, el miedo o la ira. Simplemente sus auras tomaban el control y sus cuerpos mutaban a su estado original, mostrando su forma más íntima. Dejarse ver así en público era como pasearse desnudo por la avenida principal de una ciudad: atrevido, descarado y vergonzoso. Vergonzoso si tenías vergüenza claro, que no era el caso para Ladd. Pero aun así se quedó de piedra ante la reacción de Ángelo. ¿Por qué parecía de repente tan asustado? ¿Acaso no era él mismo un Ojo de Serpiente, como el resto de su familia? Verle así debería haberle resultado normal, conocido. Algo andaba mal… y en aquella forma Ladd no podía preguntarle lo que era.

Así que hizo el único gesto que como serpiente creyó podría resultar “tranquilizador”: se enroscó al pequeño cuerpo del chico. En qué mundo eso podía ser tranquilizador sólo Ladd lo sabía.

Ángelo se quedó aún más de piedra si eso era posible. Que una serpiente de tres metros se te enrolle en el cuerpo suele provocar reacciones así. A punto estuvo de gritar de pánico e incluso cerró los ojos con fuerza, repitiéndose una y otra vez en su mente una sola cosa: “no es él, no tengas miedo, no es él”. Y es que encontrarse de pronto al abrir su único ojo visible con la enorme serpiente le había traído unos recuerdos que no quería tener. Era cierto que en su familia todos eran serpientes, e incluso él tenía una parte de sangre Jyanome, pero por eso mismo Ángelo les tenía pavor. Mucho había sufrido ya en su corta vida a causa de esos crueles y fríos reptiles.

Al notar que el cuerpo del menor se encogía sobre sí mismo y temblaba Ladd enarcó una ceja (metafóricamente hablando, claro). No estaba tranquilizándolo y aquella era una reacción muy extraña: era como si Ángelo quisiera desaparecer pero al mismo tiempo tuviera miedo de expresar su temor. Ladd tuvo entonces una chispa de ingenio y dirigió su cabeza hacia el oído del muchacho, sacando su lengua bífida para lamerlo. Un gesto “juguetón”, o al menos así quería que se viera.

Y funcionó. Las cosquillas que aquella lengua fría provocaron en el peliazul lograron que soltara una pequeña risita, al principio nerviosa pero que pronto se convirtió en una carcajada cuando el rubio siguió insistiendo. Finalmente Ángelo acabó retorciéndose por la cama con lágrimas en los ojos.

-¡Para, para! ¡Jajajaja! E-en serio… d-detente… ¡ajajaja~!- pero Ladd, encantado con aquellas carcajadas sinceras, se mostraba reacio a obedecer. Finalmente dejó que el menor lo tomara de la cabeza y lo apartara de su cuello para quedárselo mirando de frente, el rostro marcado por una hermosa sonrisa.- ¿Esa es tu forma de tranquilizarme? Un poco extrema, diría yo. Pero…- Ángelo comenzó a acariciarle la escamosa cabeza con delicadeza, un gesto que Ladd apreció cerrando los ojos y moviendo su cola, varios metros más allá. ¿Qué diablos era, un perro?-… ha sido un gesto bonito. Gracias.

Ladd le lamió los dedos a modo de asentimiento. Así estaba mejor: el miedo había desaparecido del rostro del chico. Se recolocó un tanto alrededor de su cuerpo logrando que Ángelo se estremeciera por el frío contraste. Pero no lo apartó de sí, al contrario, se abrazó al cuerpo de la serpiente y cerró lentamente los ojos. Sólo cuando el miedo lo había abandonado se había dado cuenta de cansado que estaba en realidad.

-Déjame echar una cabezadita así…- susurró de manera casi inaudible, y casi de inmediato se quedó profundamente dormido con la serpiente entre sus delgados brazos.

Ladd alzó su cabeza de reptil para observarle con atención. Aquel muchacho no dejaba de sorprenderle: ¿era bipolar o qué? Aunque quizás no era muy apropiado preguntar algo así cuando él mismo se estaba comportando de manera tan extraña. No sólo se había dejado llevar en la cama sino que después se había puesto a hacerle carantoñas al muchacho. Incluso se había esforzado por hacerlo disfrutar durante el sexo, por hacerlo reír… por hacerlo sentir cómodo. Y él nunca hacía cosas así. Ladd Russo sólo pensaba en sí mismo. Él llegaba, follaba y se iba, siempre había sido así. Pero ahora no sólo no deseaba irse sino que además estaba dejando que ese chico, un total desconocido, lo abrazara en su forma animal. Y no era únicamente que su presencia lo desestabilizara porque se había pasado dos semanas enteras fantaseando con él y su recuerdo (aunque en este era una mujer, pero ese era un detalle que podía pasar por alto visto lo visto).

Mientras miraba con detenimiento el cuerpo de Ángelo se dio cuenta que le gustaba todo él: la forma y el calor de su cuerpo andrógino, su maravillo olor, su ahora relajado rostro angelical, la cara que ponía durante el éxtasis… Especialmente le había gustado lo abierto y sincero que era durante el sexo. Sabía que era un descarado (pues así se había mostrado en la fiesta) pero no imaginaba ni en sus mejores sueños que fuera tan ardiente en la cama. Había sido una grata sorpresa.

Ladd dejó caer la cabeza sobre el pecho del muchacho dormido y sacó la lengua varias veces para captar mejor su olor. Como serpiente sus sentidos estaban agudizados pero aun así le sorprendió que la fragancia de Ángelo no fuera tan fuerte como cuando le besó en el jardín del hotel. Quiso pensar más sobre esto pero le estaba entrando sueño también. Estaba realmente agotado y no era de extrañar porque hacía días que no podía dormir bien, sin importar cuánto se agotara follando con desconocidas para deshacerse de aquel fuego que le consumía por dentro. Pero ya no había problema: Ángelo había sofocado ese fuego con su cuerpo.

Los ojos de reptil de Ladd se cerraron lentamente y el arrullo del corazón del peliazul volvió a arroparlo. Se sentía increíblemente bien estar así.


~0~


Un teléfono móvil sonó en la salita. Ángelo se despertó lentamente, sintiendo su cuerpo pesado y entumecido por aquella sesión de sexo salvaje. Sólo de recordarla se le puso una sonrisa de idiota en la cara, la cual se ensanchó al ver al hombre que adormía abrazado a él. Así, dormidito y callado, casi parecía tierno. Rozó levemente algunos de sus cabellos para retirárselos del rostro y se quedó embobado mirándole… hasta que el pitido se hizo demasiado insistente. Como pudo se deshizo de aquel abrazo y se escabulló de la cama y, sintiendo una ligera molestia entre las piernas, caminó de puntillas hacia su teléfono móvil.

La sonrisa, que había persistido, se le borró en cuanto vio el nombre sobre la pantalla.


~0~


Ladd despertó muchas horas después solo en la cama y con su forma original. Fue precisamente la falta de calor lo que lo despertó y se maldijo a sí mismo por haber olvidado encender la calefacción de la habitación. ¿Dónde se había metido su estufa particular? No lo veía por ningún lado… Pero se escuchaba el sonido del agua caer desde la puerta entreabierta del baño, así que no podía andar muy lejos. Se incorporó en la cama y, tomando las sábanas y envolviéndose en ellas, se dirigió hacia el baño.

Una oleada de cálido vapor de agua lo golpeó nada más abrir. El espejo estaba empañado y la mampara también, por lo que solo podía intuir la silueta del menor al otro lado. Y eso le pareció muy molesto, ¿por qué tenía que perderse el espectáculo del agua descendiendo por aquel cuerpo de ensueño?

Ladd dejó caer la sábana a sus pies y caminó hasta la ducha, abriendo la mampara sin pedir permiso alguno. Ángelo lo oyó llegar pero ni se inmutó. Estaba más concentrado en aclarar el champú de su larguísima melena azul que en hacer caso al voyeur que lo miraba con una lujuriosa sonrisa en los labios.

-¿Necesitas ayuda con eso?

-No, ya he terminado.- contestó un tanto seco, cerrando el grifo del agua caliente después.- ¿Me dejas salir?

Ángelo se había vuelto para encararlo y ahora Ladd tenía que enfrentarse con la fascinante visión de su cuerpo húmedo y desnudo, con la joya familiar como única decoración. No pudo resistir la tentación. Se metió en la ducha, cerró la mampara y se echó sobre él con la excusa de llegar al grifo. Una gran sonrisa de juguetona respondió a la mirada reprobadora del menor y el agua comenzó a caer de nuevo.

-Mejor quédate y me ayudas a ducharme.- le sugirió.

-Debí suponer que a tu edad te sería difícil hacerlo solo.- replicó mordazmente el chico. ¿Quién era la serpiente allí? Ángelo lo miraba como si fuera algún tipo de insecto molesto que se había cruzado en su camino. ¿Dónde estaba toda la pasión de antes?- No soy tu chacha. Estoy seguro de que si necesitas una puedes pagártela con tu dinero de semental…

Ángelo se calló de golpe cuando las manos de Ladd pasaron silbando al lado de sus oídos para estrellarse contra la pared.

-¿A qué viene esta actitud hostil? No hace mucho estaba deshaciéndote de placer debajo de mí y no te quejabas nada de nada.- los ojos azules del mayor destilaban peligro aunque su tono era bajo y calmo aún.

-Eso es…- Ángelo desvió el rostro, incómodo por la cercanía del otro. De repente pareció armarse de valor y frunciendo el ceño lo encaró de nuevo.- Ya tienes lo que querías, ¿no? No es necesario que sigas aquí si ya has cumplido con tu parte. Puedes largarte por la misma puerta por la que entraste. Nada te retiene aquí.

Aquello fue como un jarro de agua fría para el mayor. No fue capaz de leer entre líneas y entender lo que verdaderamente quería decirle el otro, todo lo contrario: interpretó aquellas palabras como una muestra de rechazo. Al parecer él era el único que había notado una conexión especial en la cama y Ángelo sólo estaba pensando en quedarse embarazado.

Le había utilizado… Y aquella idea le hizo enfurecer. Él mismo sabía que eso no tenía sentido porque desde el principio había sido así. Y supuestamente por las dos partes. Pero ahora se sentía estúpido por haberlo tratado tan bien cuando el enano sólo estaba allí para procrear. Lo había engatusado con su pervertido cuerpo.

-¿Y qué te hace pensar que ya estoy satisfecho? Aún no he terminado contigo. Date la vuelta.- ordenó con frialdad.

-¿Qué? ¿De qué estás hablando?

-He dicho que te des la vuelta, no me hagas repetirme.- tomándole fuertemente del hombro lo obligó a girar sobre sí mismo y lo estrelló contra la pared.

-¡Ay! ¡Duele, bruto! ¡Suéltame!- trató de forcejear pero era inútil, no podía competir con la fuerza del mayor.- ¡He dicho que me sueltes, estúpida serpiente!

-Cierra la puta boca, enano desagradecido. He dicho que aún no estoy satisfecho.

Ángelo sintió entonces que el mayor se restregaba contra su trasero y se asustó al comprender lo que pretendía. Trató de resistirse con más fuerza, incluso intentó patearle pero lo único que consiguió fue que lo empotrara con más fuerza contra los azulejos. Estaba totalmente indefenso ante la ira del rubio.

-¡No lo hagas!- gritó a la desesperada.- ¡No te atrevas a hacerlo!

Pero había escogido mal las palabras. Tal vez si se hubiera disculpado o hubiese suplicado perdón Ladd hubiera entrado en razón. Pero en lugar de eso había hecho como si sonara a amenaza, y el orgullo de Ladd Russo ya había sufrido demasiados golpes. Ladd era un hombre que necesitaba sentirse por encima de los demás, que estaba acostumbrado de hecho a estarlo. Ángelo se equivocaba si en algún momento había pensado que no era el tipo egoísta y violento que aparentaba ser.

-Si vamos a pasar nueve meses juntos cuanto antes aprendas la lección, mejor.- fue todo lo que el rubio dijo antes de penetrarlo sin más preparación que el agua de la ducha.

-¡¡AAAAAAAAAAAHH!!

El grito de dolor del muchacho rebotó por las paredes del baño, sonando terrible incluso para los oídos del cruel Russo. Había sido tan bestia que si no hubiera sido porque hacía poco que lo habían hecho seguramente le habría desgarrado. Igualmente el dolor fue más del que Ángelo podía soportar y las piernas le fallaron, pero Ladd se aseguró de mantenerlo firme contra la pared mientras comenzaba a moverse en su interior.

Un silencio terrible se formó en el cuarto, tan solo roto por el sonido del agua de la ducha y de la fricción entre ambos cuerpos. La respiración del rubio era profunda y agitada pero de la garganta de Ángelo no volvió a salir sonido alguno. Tan exagerado era su silencio que Ladd se planteó que hubiese perdido el sentido por el dolor, pero cuando tiró levemente de sus cabellos para echarle la cabeza hacia atrás vio que no era así. Sus ojos se encontraron y pudo ver que el chico lloraba en silencio, mas no fue eso lo que lo hizo detenerse en seco.

El rostro de Ángelo estaba vacío de toda emoción. No había miedo, ni ira, ni rencor. No había nada.

Solo entonces Ladd se dio cuenta de lo que estaba haciendo, pero ya era demasiado tarde. Salió del interior del menor y retrocedió todo lo que el estrecho espacio de la ducha le permitía. Ángelo, totalmente falto de fuerzas, resbaló por la pared y cayó de rodillas sobre el suelo, apoyado en la pared. Y allí se quedó, llorando en total y absoluto silencio.

Tenía que salir de allí. Tenía que alejarse de ese niño.

Un terrible sentimiento de culpa como no lo había conocido jamás se apoderó de Ladd y le revolvió el estómago. Salió de la ducha y tuvo que apoyarse en el lavabo para no caer al suelo, repentinamente mareado. No entendía lo que le estaba pasando pero era horriblemente desagradable. Nunca se había sentido tan mal consigo mismo, y mira que había hecho cosas terribles. Pero de alguna manera sentía que aquello era mucho peor que lo anterior porque esta vez era como si se hubiese traicionado así mismo: no olvidaba aquel deseo de proteger a Ángelo que le había embargado antes. ¿Cómo podía pensar en algo así y violarlo cruelmente después? ¿Para aquello le había estado deseando durante dos semanas enteras? ¿Toda su paciencia se acababa con unas pocas palabras duras por parte del menor? Se suponía que Ladd era el adulto, el responsable. Se suponía que no debía dañar así al chico, y no porque fuera el heredero de los Abaloni.

Ladd no pudo soportarlo más. Salió del baño a toda prisa.


Continuará...
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Angell Giorgatos el Febrero 13th 2012, 9:28 am

Simplemente fascinante Kuroi-chan *///* ¡¡ME HA ENCANTADO!! Pero awwww, el final me ha "rompío" el tolasonsito ;^;

QUIERO CONTINUACIÓN YA

PD: ¿Lo entiendes o te hago un croquis? xDDDDDD La gran frase de Ladd Russo!!
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Olexandr Koslov el Febrero 13th 2012, 10:35 am

-nosebleed, nosebleed everywhere- *w* Nyah! Kuroi-chan! pero que maestra eres! >.< me encantó tu fanfic... y como angy, también quiero más caps y extras, y dibujos y todito todito!!! pero eso si te digo ¬¬ ¡¿cómo que alex quería con Angell?! -olex se hace el indignado y sale de la habitación, limpiandose la nariz(?)- Ok no xD...
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Belle Russo el Febrero 14th 2012, 5:12 am

¿Cómo lo haces para dejarme toda intrigada,Kuroi? Quiero una conti,te exijo una conti! XD Jo,está impresionante,y la vagina de Ángelo me ha matado. Me esperaba cualquier cosa excepto una vagina. Matador.
TE EXIJO LA CONTI!
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Ladd Russo el Febrero 25th 2012, 12:34 am

¡Siento muchísimo la tardanza! Han sido un par de semanas de locos y no he tenido tiempo para pasarme por el foro T_T ¡Pero ya estoy de vuelta y me pongo a currar! òwó Lo primero que quería era colgar el cap 3 (y el último que tengo xD) de este fic. El lemmon de este capítulo me encanta, aunque esté mal que yo lo diga uU Ya me diréis vosotras que os parece xDD

Olex: Sabía que te iba a doler xD Gomen, gomen, por eso advertí que algunas de las cosas iban a estar cambiadas... pero tenme un poco de fe, ¿ok? Wink
Me temo que las artistas son Belle y Ángelo, yo no podré incluir dibujos porque soy una negada u.uU

Belle: Siento haberte matado con la vagina, Belle xD Pero es que en el manga es así y de alguna forma había que explicar el futuro embarazo de Ángelo (si lo hay) de una forma mínimamente creíble xD A mí también se me hace un poco raro de imaginar xDD

Ángelo: siento la tardanza amore >w< Éste es el lemmon del que te hablé por MSN. Ya me dirás que te parece >wo



Capítulo III

Ángelo seguía tirado justo donde había caído. No sabía el tiempo que había pasado pero las lágrimas habían dejado de brotar. Aunque el dolor seguía allí, punzante y ardiente. Pero había pasado por cosas mucho peores, podía soportarlo. Lo que no podía soportar era el saber quién se lo había provocado.

No era así como quería que salieran las cosas. Si Ladd había estado pensando en él durante todo aquel tiempo Ángelo lo había hecho tres veces más. Lo suyo había sido amor a primera vista aunque se hubiese empeñado en negarlo al principio. Pero en cuanto le había visto salir de aquel cuarto de baño público, con la camisa abierta y el pelo alborotado, a pesar de la situación, supo que él era el hombre del que su madre le había hablado.

Corrían muchos rumores sobre el pasado de los gemelos de los Abaloni pero sólo había una verdad. Y la verdad era que le habían sido arrancados de los brazos al cadáver de su madre tres años atrás. Haru y Shigeru (el nombre se lo había cambiado después) sólo tenían doce años cuando Cornelio Abaloni se presentó en la puerta de su humilde hogar para reclamarlos. Aoi, su madre, se había negado a entregarlos a un hombre tan déspota y malvado. Ni ella misma sabía cómo podía haberse llegado a enamorar de un hombre así, mas si hubiera podido retroceder en el tiempo no lo habría cambiado porque de no haberlo hecho nunca habría sido bendecida con sus dos queridos hijos… A pesar de que aquello la llevó a la tumba.

Su madre siempre les decía a los pequeños que era especiales, muy especiales: eran los últimos descendientes de su linaje. Siempre serían perseguidos por ello, porque no había criatura más cruel y avariciosa que el ser humano, pero a cambio conocerían un amor más poderoso que el de cualquier otro ser sobre la tierra. Ese amor estaba allí, en alguna parte del mundo, esperando por ellos… y debían ir a su encuentro. Su madre les dio un último regalo en forma de hechizo, una magia que solo ella en el mundo era capaz de hacer ya.

Pero los Abaloni tenían otros planes para ellos que no contemplaban amor alguno. Ellos querían hacer dinero con el legado de su madre, pues era muy alto el precio que podían pedir por una noche de pasión con uno de ellos. Mas Haru no mostró nunca rastro alguno de sus genes especiales: era simplemente un mono normal y corriente. Solo Ángelo parecía poseer aquel don que tanto anhelaban. Así que la solución era sencilla: si él tenía hijos tal vez nacieran especiales también. Valía la pena intentarlo, y vaya que si lo intentaron. Probaron con mujeres pero no daba resultado alguno (al margen de lo difícil que era que Ángelo estuviera “a la altura” con ellas) así que optaron por algo más drástico: usaron un nuevo tipo de parásito con él y le crearon un útero. Y entonces llegó el turno de los hombres, sus tíos los primeros. Pero tampoco funcionaba sin importar quién lo intentara ni cuántas veces. Cornelio empezaba a estar desesperado, ¿y si resultaba que era estéril del todo? La simple idea había hecho que Ángelo se llevara más de una paliza. Incluso había llegado un momento en el que su padre se había rendido y le había cedido el chico a Dino. Pero entonces había oído hablar de la famosa fertilidad de los Russo, y especialmente de su cuarto hijo, el Ojo de Serpiente con sangre de Dragón de Agua, Ladd. Y una vez más valía la pena intentarlo.

Cuando Ángelo fue a la fiesta sabía lo que le esperaba. Otra vez iba a ser vendido a un completo desconocido para que hiciera lo que le diera la gana con él. Trató de escapar escondiéndose en el baño de mujeres pero habían terminado por encontrarle. Si habían llegado tarde a la fiesta era precisamente porque no le encontraban y, cuando lo hicieron, Dino le golpeó con tanta fuerza en el rostro que hizo falta llamar a una profesional para que lo disimulara con maquillaje. Ángelo estaba entonces confuso por la impresión de conocer a Ladd, tanto que ni del golpe se enteró, pero su sorpresa fue aún mayor cuando supo que era precisamente con él con quien querían emparejarle. Y, por primera vez desde que su vida se había convertido en un infierno, había sentido un poquito de esperanza... Cuando Ladd le besó fue como si confirmara sus expectativas: era él, el amor del que su madre le hablaba de niño. No había otra forma de explicar la fuerza con la que latía su corazón cuando estaban juntos, ni ese deseo de estar con él, de fundirse con él, que lo embargaba. Había sido todo tan bonito cuando habían bailado juntos, más aún si se sumaba a la ecuación los celos de Caterina.

Cuando se separaron su esperanza no decayó porque pensó que se volverían a encontrar. Debido a un tonto malentendido casi perdió la oportunidad; aún recordaba cómo se regodeaba su tío diciéndole que Ladd había elegido a su hermanastra y que él tendría que permanecer en la mansión Abaloni. Eso era justo lo que Dino quería, que se quedara encerrado allí, siempre a su merced, siempre su juguete exclusivo… Pero al parecer Ladd no quería a nadie excepto a Ángelo y eso hizo enfurecer a Caterina, pero también a Dino. De no haberle detenido Cornelio tal vez le habría hasta matado por la brutalidad de los golpes. Una semana entera le había llevado recuperarse, pero a base de fuerza de voluntad lo había hecho. Para verle a él, sólo para verle a él… No había querido escuchar las venenosas palabras de su tío, esas que le decían que en cuanto viera su cuerpo lo despreciaría, que en el mejor de los casos se lo follaría y lo abandonaría como había hecho con todas sus anteriores amantes. Que para Ladd Russo él no era más que otro negocio que debía cerrar cuanto antes para llevarse el dinero y los beneficios.

-No creas que por esto vas a escapar de mí.- le había dicho su tío con extrema crueldad.- Serán nueve meses en el mejor de los casos y volverás. Y si no eres capaz de engendrar entonces volverás incluso antes. Y sé que no podrás. Oh, claro que no. Eres tan inútil que ni para eso sirves. Tu mera existencia es un pecado abominable que debería ser eliminado de la faz de la tierra. Y, cuando él se dé cuenta, te despreciará como hacemos todos los demás.

De tantas veces que le habían repetido esas palabras había comenzado a creérselas. Ángelo era un tipo de Madararui que despertaba admiración en cuantos le rodeaban. Y deseo. Sus antepasados habían sido esposas de reyes, concubinas de emperadores… Cualquiera que le viera en su forma animal caería rendido a sus pies; ese era su don y su cruz. Allá a donde iba todo el mundo, hombres y mujeres, querían poseerlo. Despertaba los más básicos instintos en cualquiera que lo viera, llevándolos (al menos según sus tíos) a una espiral de lujurioso pecado que terminaba en su autodestrucción. Eso mismo era lo que le estaba pasando a Dino: en realidad se había enamorado perdida y enloquecidamente de él. Y como no podía tenerlo sólo para él prefería hacer de su vida un infierno.

Ángelo apretó con fuerza el escudo familiar, ese que tanto odiaba pero que al mismo tiempo necesitaba casi tanto como el aire en sus pulmones. ¿Qué hubiera pasado si hubiese usado su poder con Ladd? No, no debía pensar así. Ya había tomado su decisión: sintiera lo que sintiera al final ese hombre por él sería porque se lo había ganado siendo él mismo, no con su asqueroso poder. Ladd no debería saber jamás de él o lo despreciaría…

Pero, ¿acaso no lo despreciaba ya? ¿Qué diferencia habría entonces?

Todo era culpa de Dino, si él no le hubiese llamado justo en ese momento no le habría hecho dudar. Con lo bien que había ido todo… por primera vez se había sentido amado de verdad, aunque sólo fuera una mentira tejida por la amabilidad de Ladd en la cama. Pero ya daba igual. Había hecho enfurecer al mayor y éste había respondido como todos lo hacían: abusando de su débil cuerpo. Su instinto debía de estar equivocado, él no podía ser su amor predestinado. Y si lo era ya nunca sería correspondido.

Al fin y al cabo, como había dicho el propio Ladd, allí no había cabida para los sentimientos.

Estaba agotado. A penas podía mantener los ojos abiertos. La carga emocional que soportaban sus pequeños hombros era demasiado pesada y él ya había alcanzado su límite. Tan solo quería cerrar los ojos y no despertar jamás, tal vez así escapara de la pesadilla que era su vida. Tal vez pudiera renacer de nuevo como alguien normal… Tal vez pudiera volver a empezar.

Afortunadamente sus oscuros pensamientos fueron interrumpidos antes de llevarlo a hacer algo realmente estúpido. Ángelo parpadeó unas cuantas veces, incapaz de enfocar bien a la persona que había entrado en el baño. A penas percibió cómo lo cargaban unos fuertes brazos y lo envolvían en una cálida y suave toalla, ni como lo llevaban de nuevo a la cama. Había alguien más en la habitación, alguien que intentó hablar con él con voz calmada y que se puso a toquetearlo por todas partes. Quiso detenerlo pero no tenía fuerzas. Notó que le acercaban algo a la boca y le incitaban a tragarlo. Parecía una pastilla, más que nada porque era pequeña y venía seguida de un agua que también le obligaron a tomar.

Después todo se puso negro.


~0~


Sin saber qué hacer en una situación así Ladd había terminado por hacer algo que nunca imaginó que haría: llamar a Alexandros en busca de consejo. Fue él el que le aconsejó que llamara al médico del hotel (después de gritarle más de diez minutos sobre lo estúpido que era violar al heredero de los socios de su padre que, para mayor mal, sólo era un niño de quince años). Y así lo hizo. Por suerte para él el doctor sabía quién era y fue muy discreto, no preguntando nada sobre el extraño cuerpo del menor ni sobre el obvio hecho de que había sido forzado. Seguramente después alguien de su familia pagaría a muy buen precio esa discreción, pero ahora a Ladd lo único que le importaba era que el médico le dijera que Ángelo estaba bien.

Un par de calmantes y somníferos después el hombre se marchaba dejando solo a Ladd con su culpa. El rubio se sentó en un sillón junto a la cama y se quedó en silencio mirando como el peliazul dormía. Su rostro parecía tenso, casi como si estuviera teniendo una pesadilla. Ladd suspiró fuertemente y escondió el rostro entre sus manos. ¿Cómo diablos podía ser tan estúpido? ¿Para qué coño había violado así al chico si después se iba a sentir tan culpable? ¡No se entendía a sí mismo! ¡Aquello no era normal!

-Lo siento…- susurró a pesar de saber que no podía escucharle, y precisamente por eso en realidad. No tenía valor de decírselo a la cara. Nunca lo había tenido para admitir sus errores.- Lo siento…


~0~


Abrió su ojo lentamente, todavía somnoliento. Se incorporó un poco en la cama y se mareó, por lo que tuvo que detenerse un instante para calmarse. Se sentía igual de pesado y torpe que cuando le daban aquellas drogas para tranquilizarlo en la Mansión. Ah sí, era cierto, alguien le había dado calmantes para el dolor. Porque había sentido mucho dolor. Ladd lo había violado.

El mismo Ladd que ahora dormía sentado junto a su cama, con medio cuerpo apoyado incómodamente sobre ella y las manos tan cerca de la suya propia que casi parecía que se la hubiese estado sosteniendo hasta instantes antes. Era un poco gracioso porque le caía un hilillo de baba y roncaba bastante fuerte. Antes de darse cuenta Ángelo estaba riendo por lo bajo.

Eso debió ser lo que despertó al mayor. Ladd alzó la cabeza con cara de no saber ni cómo se llamaba y bostezó sonoramente. Entonces se percató de que Ángelo estaba despierto y se tensó de golpe. Pero el chico no mostró señal alguna de miedo o rencor. Simplemente le miraba.

Se hizo un silencio muy incómodo entre ellos.

-¿Cómo… cómo te encuentras?- preguntó torpemente el rubio, sin saber a dónde mirar o qué hacer con las manos.

-Bien.- respondió Ángelo, y como para tranquilizar al mayor añadió.- No me duele nada. ¿Me diste calmantes?

-El doctor lo hizo.

-¿Llamaste a un médico?- se sorprendió el chico.

-No sabía qué otra cosa hacer.

Nuevamente se hizo el silencio. Ángelo estaba un poco sorprendido por aquello, en ningún momento había estado tan grave como para necesitar un médico. Su mal había sido más bien psicológico… Claro que eso Ladd no podía saberlo. Como no sabía que comparado con lo que le habían hecho su violación había sido una chiquillada. Con todo sintió la necesidad de romper el silencio como fuera.

-Esto-…

-Yo…

Los dos habían hablado a la vez, lo que ocasionó que sus miradas de encontraran. A Ángelo se le escapó una risita por lo tonto del momento y Ladd sonrió con sinceridad al ver aquel gesto. Fue como si le quitaran cincuenta kilos de encima: que fuera capaz de reír así era una buena señal, ¿no?

-Tú primero.- ofreció el mayor tratando de ser lo más amable posible.

-Iba a darte las gracias por haber llamado al médico.- Ángelo tenía el rostro relajado, lo cual hizo que el rubio flipara aún más por lo que estaba escuchando.

-¿Las gracias? ¿Después de lo que te hice?- preguntó incrédulo.- Pero si yo te… yo te…

-Bueno sí, me violaste.- dijo como si tal cosa, encogiéndose de hombros y haciendo que Ladd se preguntara cómo podía hablar de algo tan traumático tan tranquilamente.- No pongas esa cara, tampoco fue para tanto, idiota.

-No hagas eso.- le cortó Ladd, ceñudo.- No sonrías así mientras hablas de algo tan serio. Haces que suene como si fuera lo más normal del mundo.

-Puede que en tu mundo no lo sea, pero en el mío sí.

Aquella afirmación provocó un nuevo silencio. Ángelo podía ver la sorpresa y la incredulidad en el rostro del mayor. Casi podía oír los engranajes cerebrales de Russo encajando esa información y lo que significaba. No lo había dicho para hacerlo sentir mal, de hecho la amabilidad que le había mostrado llamando al doctor y quedándose todo el tiempo a su lado lo habían ablandado bastante (a pesar de que una parte de él se empeñaba en recordarle que no era tan bueno como él mismo quería verlo). En realidad lo había dicho para quitarle hierro al asunto pero había funcionado totalmente al revés.

-¿Quién?- fue lo único que preguntó Ladd.

-¿Quién? Qué pregunta más tonta.- rio él.- ¿Qué más da? En cualquier caso son demasiados como para recordarlos. Tú mismo lo dijiste, ¿no? “En nuestro mundo no hay espacio para los sentimientos”. Mi padre debía pensar que cuántos más probaran suerte más posibilidades habrían de que me quedara embarazado. Y no se rindió porque no funcionara las primeras cincuenta veces, jeje.

Allí estaba otra vez: esa horrible sonrisa falsa con la que el menor trataba de despistarle. Aquella sonrisa que pretendía fingir que todo eso era normal. Habría que estar ciego para no ver en el muchacho todo el dolor que cargaba encima. ¿Acaso se pensaba que Ladd era tan fácil de engañar? Necesitaría algo mucho mejor que eso.

-No te preocupes: seguro que yo sí que consigo que te quedes embarazado.- le aseguró con determinación, pensando que de esa manera nadie le volvería a obligar a acostarse con nadie más. Pero su muestra de “generosidad” no provocó en el otro la reacción esperada.

-… ¡Ajajajajajajaja! ¡Aaah, por Dios! ¡JAJAJAJAJA!
Ángelo había empezado a partirse de risa (casi literalmente por la forma en la que se convulsionaba). Se sujetaba el estómago y daba golpes en la cama ante la estupefacta mirada del rubio.

-¿Qué diablos te hace tanta gracia, enano?- preguntó con la vena de su sien comenzando a palpitar peligrosamente.

-¿Q-qué tipo de consuelo es e-ese? ¡Ahahahaha! ¡Eres un tipo la mar de raro!

-Pues anda que tú…

Ladd no sabía muy bien cómo ni porqué pero el ambiente se había relajado entre ellos dos. Ángelo parecía de nuevo de buen humor e incluso le dio hambre. Mas cuando se fue a levantar para ir a por algo de comer Ladd lo detuvo poniéndole una mano en el hombro.

-Pediré algo al servicio de habitaciones, tú solo descansa.- era una orden pero trató de que sonara lo más diplomática posible.- Dime lo que prefieres.

-¿Y luego me cortarás la comidita y me la darás como a un bebé?- inquirió pícaramente el menor de broma.

-B-bueno, si quieres…- contestó Ladd para su sorpresa, aunque había desviado la mirada y parecía bastante avergonzado. Un gesto lo suficientemente tierno como para sacarle una sonrisilla a Ángelo. Le dijo lo que quería y el mayor se levantó de su asiento rumbo a la salita para coger el teléfono. Sin embargo al llegar al marco de la puerta se detuvo, como si dudara. Ángelo iba a preguntarle qué le pasaba cuando el rubio volvió a hablar, sin girarse.- Siento mucho lo de antes.- y se fue.

Ahora era el turno de Ángelo de quedarse de una pieza. Escuchó la puerta de la habitación abrirse y cerrarse y supuso que Ladd se había ido a pedir la comida personalmente (porque necesitaba tiempo para pensar y normalizar los estúpidamente acelerados latidos de su corazón). Y allí se quedó, solo con su sorpresa y un sentimiento de calidez que le subía por el pecho y se le asentaba en los labios. Se apretó contra las sábanas y encontró aquel delicioso olor que el rubio despedía; cerrando los ojos se dedicó exclusivamente a disfrutarlo.

Angy sabía que era masoquista. Era la única forma de explicar que a pesar de lo que acababa de ocurrir fuera capaz de recuperar la confianza en ese hombre tan rápido. Decir que había olvidado la violación era exagerado, pero Ladd se había mostrado tan arrepentido… Estaba seguro de que ahora haría todo lo que le pidiera. ¿Podría creer en esos sentimientos y dejarse llevar una vez más? Sí, podía. Porque para bien o para mal si había algo que caracterizara al muchacho era que nunca se rendía ni se daba por vencido.

Y ahora tenía una nueva meta que incluía a cierto rubio torpe pero encantador.


~0~


Los días comenzaron a pasar y el ambiente en aquella habitación, la 801, se volvió relajado e incluso agradable. Ladd permaneció en el hotel mientras el muchacho estuvo convaleciente, comían juntos, veían películas y a la hora de dormir le cedía la cama y él se tumbaba en el sofá. Aún se sentía culpable por lo que le había hecho y, aunque lo deseaba más que cualquier otra cosa en el mundo, no se atrevía a tocarle ni un pelo. Pero es que Ángelo siempre estaba sexy: recién levantado, cuando salía de la ducha, cuando se sentaba a ver la tele, cuando se ponía el pijama para acostarse… Llegó un momento en el que Ladd sentía deseos de poseerlo incluso cuando lo veía pintándose las uñas de los pies. En esos momentos tenía dos opciones: violarlo otra vez o darse una ducha de agua fría. Dada su condición de Jyaome/Mizuchi como siguiera así mucho tiempo iba a coger una pulmonía que lo mataría.

Al cuarto día Ángelo comenzó a ponérselo especialmente difícil.

Estaba Ladd tan tranquilo tomándose su café mientras leía el periódico mañanero cuando vio por el rabillo del ojo a Ángelo salir de su habitación y escupió parte del café sobre la prensa. Intentó disimular pero por la forma en la que el otro se rio no pareció colar mucho. Ángelo vestía unos minúsculos shorts vaqueros, calcetas hasta medio muslo y una camiseta de manga corta negra de tejido transparente y ajustado, con un chalequito del mismo color encima. Ni falta hace decir que aquella ropa remarcaba todos sus encantos adolescentes.

-Mi familia me mandó ayer el equipaje.- comentó alegremente él mientras se sentaba al otro lado de la mesa y cogía una tostada con mermelada de fresa.- Cuatro días les ha costado a los muy inútiles. Ya pensaba que se habían olvidado de mí.

-Ajá…- masculló Ladd tratando en vano de concentrarse en su periódico.

Ángelo siguió parloteando sin parar. El rubio echaba esporádicos (y disimulados) vistazos por encima de los papeles de vez en cuando porque, seamos sinceros, también era masoquista: Ángelo estaba como para arrancarle la ropa a mordiscos y hacérselo encima de aquella misma mesa… Aunque no pudiera hacerlo porque se lo había prometido a sí mismo. ¡Maldita sea, ¿desde cuando era tan noble?!

-Tienes mermelada en la cara…

-¿Ha? ¿Dónde? ¿Aquí?

-No, al otro lado… sobre el labio… Te la estás extendiendo todavía más…

-Mou, no acierto.- se quejó el menor con un mohín adorable. Su mirada se volvió traviesa de pronto.- ¿Por qué no…- comenzó a inclinarse lentamente sobre la mesa dándole al mayor una estupenda visión de sus pezones transparentados bajo la camiseta.-… me lo limpias tú?

Ladd tragó saliva con dificultad.

-¡Tengo que ducharme!- y salió pitando de allí para esconderse en el baño.

Ángelo lo observó escapar con fastidio. Tendría que pasar a tácticas más agresivas.


~0~


Aquella tarde Ángelo “olvidó” su ropa en la salita y al salir de la ducha se paseó por toda la habitación con una toalla diminuta que apenas cubría sus vergüenzas. Por supuesto se le escapó una prenda “por accidente” y se inclinó a recogerla de una forma tan “decorosa” que le enseñó al mayor una estampa solo apta para sueños húmedos. Ladd se concentró en la imagen mental de Alexandros desnudo para aplacar una creciente erección.

Sólo funcionó a medias.

Habían cogido la costumbre de ver una película juntos después de comer y aquella tarde no fue diferente. Ángelo escogió una película de miedo y a los cinco minutos lo tenía encima, sentado en su regazo y abrazado contra su pecho.

-¡Kyaaaaah! ¡La va a matar! ¡La va a matar! ¡No quiero verlo!- el menor escondió la cabeza en su pecho con los ojos llorosos, asustadísimo supuestamente (supuestamente porque era la segunda película de miedo que veían juntos y la anterior se la había pasado entera descojonándose de risa).

“Lo hace a posta. Tiene que estar haciéndolo a posta. ¡Aguanta Ladd!” se decía a sí mismo, cada vez más desesperado.

Pero el colmo se dio por la noche, después de cenar. Ángelo se fue a ponerse el pijama y cuando volvió llevaba un camisón semitransparente y minúsculo que dejaba ver una ropa interior del mismo estilo, negra. Ante un estupefacto Ladd el chico se dirigió a coger una cosa en la salita y al darle la espalda mostró su as en la manga.

-Tanga…- murmuró el rubio, quien se debatía entre enfurecerse por tanto descaro o secarse la baba antes de que llegara a la moqueta.

-¿Has visto mi I-pod, Ladd?- la mirada del rubio parecía haberse quedado atascada en su trasero.- ¿Quizás debajo del sofá?

-¡Basta!- gritó de pronto, estallando.- ¡No podemos seguir así!

-¿Ha?- Ángelo sacó la cabeza de debajo del sofá pero siguió en aquella posición, a cuatro patas y con el culo en pompa.- ¿De qué hablas?- preguntó con fingida inocencia.

-¡No te hagas el despistado! ¡Me refiero a ESO!- un dedo acusador señaló con vehemencia al menor.- ¿Tú te crees que yo soy de piedra o qué?

-Pues casi diría que sí. Has tardado un siglo en explotar.- finalmente dejó la actuación de lado y se incorporó, plantándose ante Ladd con decisión y cruzándose de brazos.-Yo también estoy harto de esto.

-¿Harto, tú? ¡Pero si soy yo el que tiene que aguantarse las ganas de follarte viéndote así por la habitación!

-¡¡Pues es que a lo mejor no quiero que te las aguantes!!

-…- se hizo el silencio.-… ¿Ha?

-¡Mou, qué idiota puedes llegar a ser! ¡Quita esa cara de estupefacción!

Ángelo empujó entonces con fuerza al mayor, quien trastabilló y acabó sentado en el sofá. Antes de poder reaccionar tenía uno de los delicados pies de Ángelo sobre su entrepierna.

-Ya no sé cómo decírtelo. Eres terrible para pillar las indirectas. Venga, vamos a hacerlo de forma que hasta alguien con tu coeficiente intelectual lo entienda: ¡quiero follar! ¡F-O-L-L-A-R! ¿Lo entiendes así o te lo explico con dibujitos?

-¿Ha?- el rubio no salía de su asombro, le estaba costando asimilar que el muchacho se estuviese portando tan dominante con él. Y aún más que eso le estuviese gustando.- Lo entiendo, pero pensé que después de lo que te hice…

-¡Ya te dije que eso daba igual! Si tan arrepentido estás redímete haciéndomelo como se debe. Ladd Russo…- una sonrisilla peligrosa y lujuriosa apareció en aquel rostro infantil y su piececito hizo algo más de presión (de deliciosa presión).-… quiero que me folles hasta que no recuerde ni mi nombre.

-…- Ladd tragó saliva con fuerza, que era lo único que la neurona le daba para hacer en esas circunstancias.

La sonrisa lujuriosa de Ángelo se ensanchó y comenzó a mover su pie en pequeños círculos sobre la entrepierna de Ladd. Éste no pudo reprimir un gemido ahogado, pues eran muchos los días de abstinencia carnal que llevaba acumulados. Algo comenzó a crecer dentro de sus pantalones para alegría del menor, quien rápidamente recorrió toda la longitud con sus dedos, presionando con la fuerza suficiente para hacer jadear al Russo.

-Quítate la camisa.- ordenó.

Ladd al fin reaccionó (tenía un sensor especial que se estimulaba al sentir un tono imperativo hacia su persona y que, generalmente, le llevaba a partirle la cara a quien hubiese usado dicho tono).

-¿Me estás dando órdenes a mí? Creo que estás algo confundido con los roles aqu-…

-¡Silencio!- Ladd se calló de golpe, más por la sorpresa del grito que porque realmente quisiera obedecer.- Tú has perdido tu oportunidad de llevar el control al ignorarme todo este tiempo. Ahora mando yo.- el chico se inclinó sobre él y sostuvo el mentón del rubio con su índice, dejando los labios de ambos a escasos centímetros.- Y tú te quitas la camiseta o te quedas sin sexo.

Ladd quiso seguir discutiendo pero un pálpito del pequeño Ladd lo disuadió. Él no había sido sumiso en su vida (obviamente) pero tampoco había dejado que el uke lo dominara. Su orgullo no se lo permitía. Pero con Ángelo parecía diferente… Joder, parecía increíblemente sexy y caliente.

Ladd desabrochó el primer botón con lentitud y éste le siguieron todos los demás. Ángelo parecía muy satisfecho con su logro, lo suficiente como para premiar a su nueva mascota con un feroz beso en los labios. Pero cuando Ladd quiso abrazarlo contra sí recibió un manotazo. Ante su mirada de reproche el menor solo negó juguetonamente.

-No te he dicho que puedas hacer nada más. Tienes que obedecer solo mis órdenes o si no…- se sentó a horcajadas sobre él y llevó sus labios al fuerte cuello.-… tendré que castigarte.

-Hnmg.- el quejido que emitió al ser mordido profundamente fue más de placer que de dolor. Todo su cuerpo se estremeció y por instinto quiso rozar su cadera con la del menor, pero se contuvo.- Si todos los castigos van a ser así me volveré un chico muy desobediente…

-Pues imagina como son los premios~.

-Hmm…- el rubio se relamió sólo de pensarlo.- Soy un idiota, ¿recuerdas? ¿Qué tal una demostración para motivarme?

Al adolescente debió de gustarle la idea porque sonrió y lamió las gotitas de sangre de la herida que le había hecho.

-Ok~. Pero sólo un poquito…

Ángelo comenzó a lamer su cuello y descender por su pecho dejando un camino de besos y saliva. El descarado mocoso no se privó de dejarle múltiples marcas allá por donde pasaba, otro detalle que Ladd no solía permitir. Pero ahora estaba demasiado cachondo como para preocuparse por eso, y cada vez más mientras veía hacia dónde le llevaba a Ángelo su recorrido. El menor se detuvo un buen rato en su ombligo, lamiéndolo mientras le miraba a los ojos con el descaro pintado en su orbe azulada. Si Ladd creía que Ángelo había sido caliente la primera vez, ahora se encontraba con que no tenía un adjetivo para describirlo.

Finalmente llegó al borde de los pantalones y los abrió.

-Alza las caderas.- volvió a ordenar y Ladd, por supuesto, a obedecer. Ángelo le bajó los pantalones y se relamió ante la visión del enorme miembro del mayor, excitado bajo los boxers.- ¿Ya estás así por unos cuantos besos? Y decías que yo me excitaba rápido.- recorrió toda la extensión con dos deditos, como caminando sobre ella.- ¿Estás seguro de que vas a aguantar lo que viene ahora?

-Por supuesto.- aseguró, más solo de ver la forma lujuriosa en la que sonreía el otro añadió.-… Eso creo.

-Me gusta tu sinceridad. Ahora sí que te has ganado un premio~.

La ropa interior siguió a los pantalones y Ángelo tomó el miembro de Ladd con una de sus manos, acariciándolo de abajo a arriba y deteniéndose en la punta para juguetear con ella y con el preseminal que ya se mostraba.

-De cerca se ve incluso más grande.- comentó embelesado mientras recorría una de las venas más llamativas con su índice. Ladd se estremeció visiblemente y se mordió el labio inferior.- He estado deseando hacer esto desde que la vi por primera vez~.

Ángelo procedió entonces, para disfrute de Ladd, a hacerle la mejor mamada de toda su puñetera vida. Por mucho empeño que le puso, Ladd estaba gimiendo ronca e incontroladamente al minuto, más o menos. El mocoso había empezado lamiendo la punta concienzudamente, tomándose su tiempo y logrando así pillarlo desprevenido cuando empezó a engullirlo. Por supuesto sus manos no se estuvieron quietas y se dedicaron a acariciarle los muslos y los testículos. Ladd apretaba la tela del sofá y se esforzaba por no parecer demasiado desesperado, lo que le suponía un gran esfuerzo. Entonces Ángelo introdujo la punta de su lengua con mucha delicadeza en su uretra y sopló.

-¡Oh, Diooos!- echó la cabeza hacia atrás con fuerza.- P-para… D-detente, voy a… voy a…

-¿Tan pronto?- lo picó Ángelo, sonriendo socarronamente mientras restregaba aquel enorme miembro contra su suave mejilla.- Y dime Ladd, ¿dónde quieres hacerlo? ¿En mi cara…? ¿En mi boca…? ¿O en otro sitio?

Le faltaba el aire. Joder, ¡¿cómo coño podía ser tan increíblemente sexy?!

-E-en… en tu boca…

-¿Y cómo se pide?

La vena palpitante amenazó con salir pero no era biológicamente apropiado dada la falta de riego sanguíneo en su cabeza. Habría sido todo un desperdicio.

-Por favor
-¡Qué chico tan bueno!- lo felicitó dándole unos cuantos besitos por la zona.- Pero es demasiado pronto para que te corras, así que me temo que no~.- y se apartó.

Sí, se apartó.

Tuvo los cojones (porque para Ladd no se podía decir de otra manera) de levantarse y apartarse de su miembro. Ese que palpitaba al borde del orgasmo. Ese que hacía que Ladd se sintiera desesperado y desbocado.

Ese.

-Eres un demonio.

Aquella conclusión hizo que el menor se partiera de la risa.

-S-sí, tienes toda la razón.- dijo cuando medio se calmó, como una eternidad después (medida en segundos de insatisfacción sexual). Entonces Ángelo tomó los tirantes de su vestido y los dejó caer por sus blancos hombros. La prenda entera cayó por su propio peso dejando atrás el esbelto cuerpo del muchacho con la ropa interior de encaje negro.- Yo de ángel solo tengo el nombre…

Ladd tragó saliva por enésima vez.

-Y que lo digas…

El peliazul se arrodilló en el sofá, con Ladd entre sus piernas, y le tomó del pelo con firmeza para obligarle a echar la cabeza hacia atrás. Lamió unas cuantas gotitas más de la sangre que había brotado del mordisco anterior y ascendió hasta el oído. Su diestra se posó sobre el pecho de Ladd y descendió lentamente, mas cuando el mayor creyó que se dirigiría a su miembro cambió de dirección. Y de cuerpo.

-Hmmm~…

Ante la mirada atónita del rubio el muchacho había metido su mano bajo la tela de encaje y ahora se masturbaba. Y, por si la visión no fuera en sí suficientemente erótica, no recortó en gemidos a su oído.

-Eres increíblemente cru-…

El menor le acalló con un beso salvaje y necesitado, lleno de saliva y de mordiscos. Antes de darse cuenta tenía la lengua del otro campando a sus anchas por su boca mientras ahogaba los gemidos contra sus labios. Ángelo había empezado a acariciar su vagina, preparándose a sí mismo para lo que se avecinaba. Al meterse el tercer dedo soltó un quejido sordo y le mordió a Ladd el labio inferior hasta hacerlo sangrar.

Y, ¿qué hacia Ladd mientras tanto? Pues a parte de flipar en colores, no mucho. Correspondía aquel fogoso beso con todo lo que tenía pero no movía ni un músculo más. No acariciaba esos muslos aterciopelados que tenía en frente, ni rozaba su erección contra la expuesta de Ángelo, ni si quiera se atrevía romper el beso para buscar esos puntos tan sensibles del pecho de su amante. Pero su recién descubierta paciencia sexual tenía un límite.

-O me ordenas ahora mismo que te la meta o vas a tener que inventarte un buen castigo para mí.

Ángelo tan solo volvió a sonreír y le besó en los labios.

-Vale, vale. Pero que conste que es porque lo digo yo~.

-Sí, sí, lo que tú quieras… ¡pero móntate ya!

Absolutamente encantado por todo lo que había conseguido de su malhumorado seme, Angy tomó el miembro de Ladd y lo dirigió a su húmeda entrada sin molestarse en deshacerse de la ropa interior (que no molestaba y le había costado bien cara). Solo el roce de las partes los hizo gemir a los dos, pero cuando Ángelo comenzó a descender fue Ladd el que vio el cielo. La excitación acumulada fue un fabuloso potenciador del placer.

Ángelo y Ladd se abrazaron fuertemente y gimieron al unísono.

-M-muévete.- ordenó en un desesperado susurro, y su mascota obedeció.- Aaaaam~, síiiii… ¡Aaaaah!

Y se movió. ¡Vaya que si se movió! Ladd comenzó a marcar un ritmo rápido y profundo desde el principio, uno que el menor le supo seguir a la perfección. Nuevamente allí estaba: aquella sensación de sincronicidad total, de unión perfecta. Sus cuerpos subían y bajaban empapados de sudor, sus labios se buscaban con desesperación fundiéndolos en unos besos tan candentes que podría derretir los polos.

“Esto es demasiado bueno para ser verdad” pensaba Ladd al borde del orgasmo.

-M-me voy a correr…- volvió a advertir por segunda vez esa noche, seguro de que ésta sería irremediable.

-¡Córrete! ¡C-córrete La~dd!

Sin esperar orden alguna el rubio tomó el miembro del chico y lo acarició al ritmo de sus embestidas. Un instante después el chiquillo se corría y él, deliciosamente oprimido por su interior, un par de embestidas después.

Ángelo se abrazó con fuerza a su cuello mientras ambos trataban de normalizar sus agitadas respiraciones. La mente de Ladd estaba en blanco y su cuerpo aún temblaba por el potente orgasmo, así que tan solo acertó a abrazarlo también y saborear su delicioso aroma.

-Eso… eso ha sido increíble… Increíble…

-N-no te vayas a pensar… que hemos terminado, g-grandullón.

-… ¿Ha?


~0~


Ladd llegó a la conclusión de que con lo de aquella noche la violación estaba más que compensada. Porque si echar seis asaltos en una noche no era una forma de abuso sexual hacia el seme, ¡que bajara Dios y lo viera! ¡Aquel mocoso le había exprimido como a una puta naranja! El rubio no podía ni con su alma al día siguiente y se aseguró de dejarlo bien claro con sus quejas. Ángelo (que debía estar en realidad mucho peor) lo único que hacía era reírse y picarlo diciéndole que ya estaba viejo si no podía con algo así. En resumen: no salieron de la cama en todo el día.

Cuando Ladd despertó (después de una muy merecida siesta) se encontró con Ángelo tumbado con las piernas en alto sobre el respaldo de la cama. Cuando le preguntó que coño hacía Ángelo simplemente dijo que trataba de ponérselo fácil a sus espermatozoides.

-Si con todo lo que me he corrido dentro de ti no te has quedado embarazado nunca lo harás.- bromeó él.

Pero Ángelo no se rio. Precisamente ahí estaba el problema: quedaban dos días para que se cumpliera el plazo que su familia había dado. Viendo su preocupación Ladd se arrepintió de no haber tenido más tacto y se incorporó en la cama.

-¿Qué haces?- preguntó el menor al ver que lo tomaba de los hombros para alzarlo y colocarse él debajo con las piernas cruzadas, a modo de almohada para el peliazul.

-Poner de mi parte para tu fecundación.

-No sé en qué podría esto ayudar…

-Oye, que si te molesto me voy, ¿eh?

-No. No,- Ángelo cerró lentamente los ojos. De cerca sus ojeras eran evidentes.- así se está cómodo…

Terminó por quedarse dormido a los pocos minutos.

El rubio tan solo se quedó allí, acariciándole el pelo distraídamente y pensando en lo hermoso e inocente que se veía. Con su rostro angelical y su cuerpo adolescente, delicado, pálido, sensual…

Decidió que sería mejor echarle las sábanas por encima. Por precaución.

Pronto se encontró preguntándose a sí mismo por los misterios que escondía aquel muchacho. Ladd era un tipo bastante astuto y ya se estaba oliendo los abusos por parte de su familia. La repentina aparición de él y su hermano, las violaciones de las que Ángelo había hablado, los cambios que el parásito había ocasionado en su cuerpo, el miedo que había mostrado al ver su transformación… Las piezas del puzzle empezaban a encajar en su cabeza. Rozó entonces el parche que cubría el ojo del muchacho, preguntándose si lo habría perdido por culpa de esa misma familia que lo había vendido por un heredero. Un brillo alrededor del cuello del chico le llevó a aquel medallón de oro que siempre portaba encima.

El emblema de los Abaloni… Esa familia a la que ya empezaba a odiar.

Continuará...

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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Nariel Sinner el Febrero 25th 2012, 6:23 am

aun es exelente---
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Invitado el Febrero 26th 2012, 1:05 am

No te disculpes,Kuroi xDD Me has matado de manera positiva. Hablé con Nao y me contó que salía en el manga xDDDD Así que...

La conti es genial. Nada más excitante y guae que un Ángelo dominante *W* Me he reído mucho XD Pobre Ladd,va a tener que aguantar una de torturas psicológicas...
Iba en el metro leyéndolo porque había quedado y me estaba conteniendo para no explotar de risa xDDDD Y-Y pobre Angy... T___T Dino,cabrón. D:
PD: Soy Belle,éste es tú uke. No sabes lo que me ha costado decidirme por un nombre y un apellido xDDD Dos horas llevo,miarma.
Síguelo que quiero leer -Rueda por el suelo.-

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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Angell Giorgatos el Febrero 26th 2012, 1:45 am

Increíble, maravilloso, impresionante. Y se quedan cortas esas palabras. Por Dios, síguelo, necesito saber que más pasaaaaaaaaaaaaaaaaa
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Evelÿnne el Febrero 26th 2012, 1:57 am

DIOS *-* me encantó, simplemente fantástico :3
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Ladd Russo el Septiembre 17th 2012, 4:30 am

No, no es una ilusión ni un espejismo: estoy actualizando este fic. Puedes dejar de fliparlo xDD No me voy a poner a disculparme por la tardanza porque le tendría que dedicar párrafos y párrafos... Agradézcanle a Belle por no dejarme olvidarme de este engendrillo xDD Este cap va totalmente dedicado a ella, mi enana <3 Es un bastante más corto que los otros, pero me pareció un buen punto para cortarlo y darle así emoción al siguiente xDD Trataré de no tardar tanto en colgar el próximo.

Disfruten~ ^o^



Capítulo IV


Ladd se lo encontró llorando desconsoladamente en el baño, hecho un ovillo junto al inodoro. Había tenido que salir para arreglar unas cuantas cosas de sus negocios, pues como presidente de una importante parte de las industrias Russo ya había sido demasiado negligente desapareciendo durante seis días. Nada más abrir la puerta de la habitación había escuchado aquellos gemidos lastimeros que helaban la sangre y, con el corazón repentinamente encogido, había corrido en busca de su pequeño amante.

Ángelo no estaba embarazado.

El predictor estaba en la otra punta del baño, allí donde el muchacho lo había lanzado en su desdicha. Una y otra vez repetía que todo era inútil, que era estéril, y lloraba sin parar. Ladd quiso acercarse a él pero le rechazó con unos cuantos golpes histéricos. Sin embargo el rubio era un cabezota y no le daba la gana de rendirse, así que finalmente logró abrazarlo a la fuerza, inmovilizando sus brazos. Allí, sentados sobre el frío suelo del baño, Ladd lo dejó desahogarse sin decir una palabra, tan solo acariciándole sistemáticamente el cabello y la espalda en un intento de trasmitirle alguna paz o consuelo. No sabía qué decir en una situación así: los sentimientos no eran precisamente su fuerte.

Cuando al fin se relajó un poco y el llanto se convirtió en unos temblores esporádicos, Ladd se atrevió a decir algo:

-Podemos seguir intentándolo. Todavía tenemos tiempo. Y si no le pediremos una prórroga a tu familia.

-Solo nos queda esta noche.- se lamentó el menor, su ojo visible hinchado, enrojecido y marcado por las ojeras.- Tú lo dijiste: si con todo ese sexo no ha funcionado…- la voz le tembló y casi se echó a llorar de nuevo, pero Ladd lo abrazó más fuerte.- Ya viste la actitud de mi tío. Odia que yo esté aquí; no quería dejarme venir pero Cornelio y Dillono insistieron mucho… Pero ya no podrán seguir imponiéndose. Una semana debería haber sido tiempo más que suficiente. Tendré que volver a la Mansión y Haru pagará las consecuencias…- nuevas lágrimas recorrieron sus mejillas ante la mera idea del futuro castigo que le esperaba a su querido hermano.- ¡Y t-todo es culpa mía!

-Basta Ángelo, tú no tienes la culpa de nada. Es todo por esa puta familia tuya que se empeña en obligarte a hacer algo para lo que no estás preparado.

-Ladd…- el pequeño apenas podía creer la ira contenida que destilaban en esos momentos los ojos y la voz del rubio. Y de alguna manera aquello le provocó mucho más consuelo que cualquier cosa que pudiera decir.

Ladd tenía ganas de gritar. Sentía que su interior se llenaba con un odio inconmensurable hacia aquellos que provocaban tal sufrimiento en un muchacho tan joven e indefenso. ¿Por qué tenían que obligarlo a tener un hijo con un completo desconocido? Aquella era una pregunta que el rubio no se había hecho jamás, que nunca le había importado… hasta ahora. Pero es que nadie le había importado nunca…

“… hasta ahora” volvió a concluir para su sorpresa.

-Vamos a la cama, lo intentaremos de nuevo.

-Pero Ladd…

-Si tengo que volver a pasarme la noche haciéndotelo lo haré más que gustoso. Podemos probar a liberar por completo nuestras feromonas. Con un poco de suerte eso podría ayudar, al menos a mantenernos en activo más tiempo. Además las tuyas…- el rubio se detuvo entonces al ver que Ángelo había dejado de escucharlo y de pronto miraba al infinito con cara de estar pensando en algo repentino.- ¿Hola? ¿Me estás escuchando mocoso?

-Eso es.

-¿Ein? ¿Eso es el qué?

-¡Puede que hayas dado en el clavo, Ladd!- el chico reaccionó con efusividad, su mirada de pronto iluminada y una amplia sonrisa en los labios.- ¡Puede funcionar!

-¿El qué? ¿Lo de las feromonas?- preguntó, totalmente perdido.

-¡Eso no, idiota! Eso es una auténtica ridiculez, ¿en qué iba a ayudar? No, no, no, me refiero a otra cosa…- Ángelo estaba extrañamente excitado pero trataba de calmarse para pensar con claridad.- Sí… tal vez ella se refería a esto…

-Ángelo haz el favor de hablar en cristiano, ¿quieres?

-Necesito pensar en algo. Sal del baño.

-¿Qué qué?

-¡Largo!

Antes de poder si quiera reaccionar estaba fuera y la puerta se le había cerrado en las narices. La incomprensión, la sorpresa y el estupor rivalizaban con una mala leche creciente al ver que el peliazul le estaba ignorando por completo después de lo caballeroso que él había sido. ¡Pero si hasta lo había consolado!

-¡Pues luego no te quejes si sólo nos da tiempo a hacerlo seis veces!- le gritó mientras aporreaba la puerta.- Tsk…

Sólo le quedaba sentarse a esperar que el mocoso volviera en sí y le diera una jodida explicación. ¡No entendía nada!


~0~


Como quince eternos minutos después Ángelo salió del baño. Su rostro estaba ahora serio por la decisión que había tomado, pero no había duda alguna en él: si aquello no funcionaba ya no quedaba nada más que hacer. Pero mientras quedara la más mínima esperanza él lucharía como siempre lo había hecho.

Ladd no dijo nada al notar la tensión del momento (y se mordió la lengua para controlar las duras críticas que tenía pensadas para el mocoso por dejarlo colgado en la ignorancia). Observó cómo Ángelo iba hacia la cama y se subía, quedándose de rodillas sobre ella. El chico respiró hondo y luego encaró al mayor con determinación:

-Se suponía que no debía mostrarle esto a nadie, especialmente a ti.- comenzó.- Pero antes me has hecho recordar algo que mi madre me dijo antes de morir: que cuando encontrara a la persona indicada todo cobraría sentido y al fin podría aceptar quien soy. Y éste, aunque no me guste, soy yo…

Se desprendió de la camisa negra que llevaba y la dejó caer a su lado en la cama. Su delgado y delicado cuerpo adolescente se mostró con la brillantez habitual, pero aquel gesto no hizo más que confundir a Ladd. ¿A caso no conocía ya cada pequeño rincón de ese cuerpecito? ¿Qué trataba de mostrarle el menor? Pero entonces Ángelo tomó uno de los extremos de su parche y tiró para desprenderlo…

Una hermosa orbe violácea quedó eclipsada por la repentina aparición de unas bellísimas alas de mariposa en la espalda de Ángelo.

Ladd quedó totalmente boquiabierto ante la imagen que el chico ahora le mostraba. Jamás había visto algo así aunque sí que lo había oído alguna vez. Ángelo pertenecía a una escasísima casta de Madararui tipo insecto.

-Chou Tengoku.- concluyó el chico leyéndole los pensamientos. Una sonrisa triste y apagada surgió en sus labios.- Soy el último de mi especie.

-El último…- repitió Ladd, quien poco a poco empezaba a salir de su estupor.

Como hipnotizado por la visión de aquellas alas comenzó a acercarse a la cama y alargó su mano. Las alas temblaron y se encogieron un tanto por el temor de Ángelo pero finalmente se dejaron acariciar por los dedos del rubio. Eran de un brillante color morado, a juego con el ojo izquierdo del muchacho, y su tacto era frío pero suave.

-Estás herido.- dijo de pronto el rubio al darse cuenta de los agujeros que tenía la fina membrana en algunas partes; unos agujeros pequeños que siempre iban de dos en dos. Ladd lo entendió de inmediato y se enfureció.- Hijo de puta…

-Ladd…- lo llamó el chico, tomándolo del rostro para apartarlo de aquellos oscuros pensamientos que lo alejaban de él y lo llevaban hacia su tío.-… eso no importa ahora. ¿Es que es todo lo que te llama la atención? ¿No vas a decir nada sobre que ésta sea mi verdadera forma?

-No, claro que no. ¿Qué tiene de malo? Así eres incluso más hermoso… Pero ahora entiendo muchas cosas.

-Sí…

Ángelo no tenía que dar más explicaciones. Perteneciendo Ladd a una familia tan antigua de Madararuis era normal que conociera las leyendas sobre los hombres-mariposa: criaturas tan bellas como escasas. Eran muchos los rumores que corrían sobre sus malignos poderes para engatusar a quienes ponían sus ojos en ellos. Y muchos más los que hablaban de lo deliciosos que eran en la cama.

-Ladd,- comenzó el peliazul a decir con dificultad.- te juro que yo nunca usé mis poderes contigo. Nunca. Y-yo… yo quería gustarte tal y como soy…- la voz comenzó a quebrársele.

Hablar de aquello era más difícil de lo que se había imaginado. Desde que nació, Ángelo había crecido con temor a lo que era. Su madre había tratado de inculcarles a él y a su hermano que no eran ningún tipo de juguete sexual, que ellos no tenían la culpa de que cualquiera que los viera en su forma animal los deseara. Pero al mismo tiempo se esforzaba mucho para que nadie los descubriera, lo que resultaba confuso para los niños. Ángelo, el único que siempre mostró su sangre de Chou Tengoku, debía llevar siempre puesto aquel parche que su madre había hechizado para él, pues mientras lo llevara su forma original permanecería oculta. Pero las feromonas… Las feromonas eran mucho más difíciles de controlar. Cada vez que eran descubiertos tenían que huir y nunca podían pasar demasiado tiempo en el mismo lugar.

Pero aún así se las apañaron para sobrevivir y permanecer juntos. Hasta que aparecieron los Abaloni. Cornelio no había tenido reparo alguno en asesinar a Aoi cuando ésta se negó a devolverle a los niños. La última imagen que tuvieron de su madre fue la de su cadáver siendo pateado con desprecio por Dino mientras se reía a carcajadas.

-Así aprenderás a no robar las pertenencias de la familia Abaloni.- había dicho con fría y aterradora crueldad.

La pureza que Aoi tanto se había empeñado en guardar para sus hijos les fue arrebatada sin consideración. Totalmente solos en el mundo los dos niños ya no tenían forma de huir de aquellos seres cruel y egoístas que decían ser su familia. Ambos entendieron que en aquel mundo lo que contaba era el dinero: por esos sucios papeles habían perdido a su amada madre y su libertad. Por unos simples papeles de colores.

Ladd podía ver ahora toda esa tristeza en los orbes del menor. Notaba más que nunca la carga que portaban sus delgados hombros: el peso de una existencia vacía y sin sentido.

-S-si me quito esto…- añadió al borde de las lágrimas, sujetando el emblema de oro de su familia.-… podré usar todos mis poderes. Mamá dijo que si lo hacía en presencia de mi amor verdadero todo estaría bien, p-pero… Pero en cuanto lo haga tú no podrás controlarte a ti mismo.- Ángelo buscó desesperadamente los ojos azules de Ladd.- Nadie puede. Te lanzarás sobre mi cuerpo y te olvidarás de quien soy.

-Ángelo…- quiso interrumpirle el rubio, pero el otro no le dejó.

-¡Pero si es la única forma de quedarme embarazado lo haré! ¡Aunque luego me odies lo prefiero antes de separarme de ti!

Aquella revelación, acompañada de una par de lágrimas que ya no podía contener, los sorprendieron a ambos. En qué momento el temor a perder a Ladd había superado el de ver sufrir a su hermano, Ángelo no lo sabía. En qué momento una confesión así había adquirido el poder de conmover al rubio, tampoco.

Probablemente fue llegados a este punto cuando Ladd Russo se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, estaba enamorado.

-Ángelo…- volvió a decir, negándose a ser interrumpido por un nuevo quejido del menor. Lo tomó con delicadeza de las mejillas y se inclinó hasta posar sus labios sobre los de él.- Entiendo tu miedo, realmente lo comprendo. Pero no tienes nada de lo que preocuparte porque… bueno…- al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir el rubio perdió determinación, pero se armó de valor para terminar con una frase que probablemente lo torturaría el resto de su existencia.-… bueno, porque yo ya creo... no, yo ya que te quiero. Y te deseo más de lo que se puede concebir, así que no puede ir a peor aunque te quites ese colgante.

La sonrisa incómoda pero sincera de Ladd fue más de lo que el torturado y apaleado corazoncito de Ángelo pudo soportar, y ahora fue él el que asaltó los labios del mayor en un beso lleno de necesidad. Ladd le correspondió y lo abrazó por la cintura, inclinándose sobre él para tumbarlo en la cama.

Se besaron con calma, sin prisas, como si quisieran memorizar para siempre el sabor del otro. Para cuando Ladd le quitó el emblema a Ángelo éste ni se enteró. Al instante el rubio había vuelto a percibir aquel maravilloso olor que lo había obnubilado en los jardines pero, aunque seguía siendo delicioso y excitante, notó que aún seguía teniendo conciencia de sí mismo.

Ángelo no tenía porqué temer: Ladd no perdería el control. No más que de costumbre.

-¿Estás preparado para llevar a mi hijo?- le preguntó juguetón entre besos y caricias.

-Dámelo todo, semental…- fue la alegre respuesta del menor.

Continuará...

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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

Mensaje por Ángelo Da Vinci el Septiembre 17th 2012, 5:43 am

Oh dios oh dios oh dios OH DIOOOOOOOOOS *A* QUE ME ENCANTA ESTE FIIIIIIIC~!

Que capítulo tan bonito y tan dulce y tan asdasdasdasda, me encanta *A* Síguelo síguelo síguelo, solo así te perdonaremos tu ausencia >_> xDD
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Re: [FanFic] 蝶の解放 (LaddAngy)

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