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Los pecados de un alquimista.

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Los pecados de un alquimista.

Mensaje por Hannibal Lecter el Junio 8th 2011, 9:27 pm

En fin, un hola a todos once more time. Aquí estoy de nuevo para subir el fic de hace mil años que le comenté a Ladd Russo, así que le voy a echar todas las culpas a él por decirme que lo suba para que veáis lo malo que es, ajem, ajem. ¡Es que insistió muchísimo! {?}

¿Las advertencias? Bueno, de todo un poco, ¿no? Lo normal, vamos: yaoi, incesto, violencia, +18, etc, etc, creo que todo lo resumen las palabras yaoi y leemos, así que ya estáis advertidos. Sólo una cosa, este fic que rescato lo escribí hace años, muchos, así que la calidad no va a ser tan buena como ahora, por ello pido disculpas. Espero que sepáis perdonar a una niña pequeñita en sus inicios como fanficker que le dio por probar escribir yaoi. Más que un fic, debería de ser una obra teatral por el predominio de los diálogos, lo siento muchísimo, más que escribir un fic parece que escribo el diálogo de una película, pero creo recordar que en el avance del fic empiezan haber más descripciones y esas cosas, ajem... El fic está inacabado y tan sólo llevo tres capítulos... Sí, qué birria. Tal vez algún día lo continúe o, mejor aún, lo vuelva a escribir entero de mejor forma, claro ú,u

Etto... y creo que ya está. Veremos que tal acoge el primer capítulo y a ver si no me siento tan avergonzada de mi fic ú///u
Ah, por último aclarar que esta historia es alternativa al argumento original. Es decir, que transcurre cuando Edward está al otro lado de la puerta (oxease, nuestro mundo), y vive con Heiderich y a éste no lo matan, tampoco mencionan nada de la película de Conquistador de Shambala, ni nada de nada de esas cosas, nee >w<




Los pecados de un alquimista.
Capítulo I: Alphonse VS Alphonse


Era una mañana cualquiera, hacía sol y el cielo estaba despejado. No había ni una sola nube en el cielo y se podía respirar una dulce y suave brisa en el ambiente.

-¡Ya he llegado! – Dijo un rubio de ojos azules.

-Bienvenido. – Dijo su compañero mientras bostezaba.

-¿Qué horas son estas de levantarse, Edward?

-La noche se me hizo larga y apenas he podido pegar ojo, Alphonse... - Su compañero se rió. - ¿Y de dónde vienes?
-Ah, bueno, había salido a por unos planos.

-Nunca dejas de pensar en los cohetes, ¿verdad?

-Y tú en... – Heidrich no siguió la frase. – Bueno, ya es hora de vestirte, ¿no crees?. Hay que hacer la comida.

-Sí, sí...

Edward fue arriba a cambiar. No sabía muy bien qué día era. La noche anterior se había quedado pensando en sus seres queridos, Al, Winry, incluso el coronel Roy Mustang. Mientras se cambiaba fijó la mirada en un calendario que había encima del escritorio.

-Hoy es 13 de Febrero... – Murmuró. Entonces, se escuchó como Heidrich llamaba a su compañero y este bajó las escaleras rápidamente.

-Dime, ¿qué pasa?

-La mujer de la floristería me ha dicho que ha pasado un chaval preguntando por ti.

-¿Un chaval?

-Sí, dijo que se parecía a mí y llevaba una chaqueca larga y roja, con el pelo recogido.

Entonces Edward se quedó perplejo del todo y salió corriendo de la casa.

"No puede ser... Es prácticamente imposible... Tal vez podría ser él..." – Pensaba desesperadamente y se topó con la mujer de la floristería.

-Oh, buenos días, Edward. – Esta le sonrió.

-Hola...

-¿Adónde vas tan enérgicamente?

-Esto... bueno, yo... Alphonse me dijo que un chaval estaba preguntando por mí y...

-¡Ah! Sí, así es.

-¿Cuándo fue eso? – Le pregunto el muchacho.

-Hace unas horas.

-¿Sabe por dónde se fue?
-Giró aquella esquina y ya no sé nada más.

-Esta bien... ¿le dijo algo sobre mí?
-Sí, le di tú dirección.

Edward se quedó pensando.

-Gracias...

-Por cierto, Ed... sabías que mañana es San Valentín, ¿no?
-¿Eh? – No sabía de qué estaba hablando.

-Venga, Ed, no te hagas el tonto. – Cogió un ramo de flores y se los dio.

-¿Para qué es esto?

-Daselo mañana a "esa" persona. –Le guiñó un ojo.

Edward le siguió la corriente y se volvió a marchar a casa. Cuando llegó parecía que no había nadie y se sentó a pensar en el sillón del salón.

-¿A dónde habías ido? – Le susurraron al oído y Edward pegó un salto.

-¡Que susto!...arf... no hagas eso, ¿quieres?

-Perdona. – Heidrich le sonrió y le abrazó.

-¿Qué haces, Alphonse? – Este se ruborizó.

-¿Quieres... quieres bañarte conmigo hoy?

-¿¡Pero qué dices? – Parecía que a Edward se le iba a salir sangre por la nariz. Y en verdad, Heidrich sentía una fuerte atracción hacia el alquimista de acero. Se rumoreaba que los dos eran pareja y eso Edward no lo sabía, cosa que a Heidrich no le importaba.

-Basta... – El alemán le empezaba a besar suavemente por el cuello.

-¿Vienes...?

-Vale... pero... nada de cosas raras... – Le miró avergonzado. – "Si nadie se entera no pasa nada... Esto es una necesidad que tengo y tú no estás..." – Pensó Edward mientras subía al cuarto de baño pensando en "esa" persona.

Pasó el rato y ambos estaban en la bañera tranquilamente, relajados. Tras la "escenita" del salón Edward no se atrevía a mirar a su compañero a los ojos. Heidrich cogió la esponja y empezó a frotarle la espalda a su "amigo".

-¿Q-qué haces? – Le preguntó ruborizado.

-Te froto la espalda... ¿no ves que no puedes tú solo? – Él solo se limitó a sonreír. Entonces Heidrich notaba que Edward empezó a temblar. - ¿Qué te pasa, Ed?

-N-no es na-nada... – Apartó la vista de él.

-Mira, Edward. Yo voy a hacerte nada si tú no quieres, ¿vale? Pero ya te he demostrado que es lo que siento.

-Lo sé... y no es eso...

-¿Entonces? ¿Es que no estas a gusto?

-Es que yo... – Bajó la mirada – Quiero que tú... que tú me... – A Edward le entró un ataque de pánico que se levantó y decidió salirse ya de la bañera pero Heidrich le cogió del brazo y le abrazó.

-Esto... Alphonse... ¿Dónde estas poniendo las manos? – Le miró con un poco de desprecio.

-L-lo si-siento, yo... Es que tienes... El trasero muy blandito... – Heidrich se puso rojo como un tomate.

-Pervertido... ¡Me voy! – Edward se enfadó.

Una vez en el dormitorio, Edward se empezaba a cambiar hasta que llegó Heidrich. Abrió bruscamente la puerta, cogió a Edward y le tiró en la cama.

-¡¿Qué haces? – Le preguntó mientras el alemán se subía encima de él.

-¿Acaso no lo admites? Tienes una necesidad y él no está aquí para saciarte. Por eso yo... Aunque sea una sola vez quiero... ¿Lo entiendes, Edward? – Le miró con cara preocupante.

-Alphonse...

Heidrich desvistió (lo poco que llevaba puesto) a su amigo y empezó a besarle el pecho cuidadosamente. En cambió, Edward no se quejaba y pensaba:

"Perdóname..."

Heidrich seguía besando a Edward, cada vez más arriba, hasta llegar a sus labios. Edward parecía que disfrutaba y se olvidó de sus preocupaciones.

-¿Por qué siempre tengo que ser yo el poseído? – Le preguntó el alquimista al alemán.

-Porque así lo deseo. – Le susurró al oído y Edward se puso encima de él y le dijo:
-Pues estoy harto de que todos me manipules... Ahora quiero ser yo el que posea los cuerpos.

Heidrich se estremecía cada vez más al ver como le "poseía" su "amante". Edward le lamía suavemente la blanca piel del alemán dirigiéndose a su entrepierna mientras le acariciaba el cuerpo.

-Ed, espera... – Le costó decir.

-¿Qué pasa?

-¿Has hecho esto alguna vez? – Dijo vergonzosamente y Edward se quedó un minuto en silencio.

-Cuando estaba en Amestris... Había un coronel que...

-No sigas. – Le interrumpió Heidrich. – Solo sigue con esto... – Y así lo hice el muchacho.

Se volvió a cambiar los papeles y ahora era Heidrich quien estaba encima de Edward, acercándose más a él, como si lo quisiera "aplastar" con ternura.

La persiana de la ventana estaba medio bajada y Edward vio una especie de sombra detrás de un árbol, pero lo ignoró.

Al día siguiente Edward se despertó y estaba solo en el dormitorio. Encima de la cómoda había una nota. Edward se levantó y la leyó:

"Ed, he tenido que salir a trabajar. Volveré dentro de un buen rato, así que sírvete tú mismo como si estuvieras en tu casa.

Gracias por lo de anoche, fue genial.

Saludos:

Alphonse Heidrich."

Edward se levantó, vistió y desayunó. Sé quedó pensando en lo de ayer.

"No hice nada malo, ni mal a nadie... eso era algo natural que necesitaba y punto."

Suspiró y abrió la puerta de la calle... Entonces se topó con alguien que reconoció enseguida y se quedo anonadado. Esta persona le cogió y le abrazó muy fuertemente y le dijo felizmente:

-¡Nii-san, por fin te encontré!

-A...Al...¿Al? – En efecto... era su querido hermano. - ¿Qué haces tú aquí?

-¿Cómo que qué hago aquí? He venido a buscarte, nii-san. – Alphonse le sonrió. – ¿No te alegras de verme, Ed?

-¡Pues claro que sí, tonto! Pero... no me imaginaba... ¿cómo me has encontrado? ¿Cómo has llegado hasta aquí?

-Tienes un hermano pequeño muy listo, ¿sabes? –Le volvió a sonreír.

-Al... –Se ruborizó el hermano mayor. – Al, tú... por fin has venido a mí de nuevo...

-Nii-san...

Pasó el rato y ambos hermanos estuvieron toda la mañana hablando de todo tipo de cosas, hasta que Alphonse le preguntó:

-Vives aquí con una persona que se parece a mí, ¿no es así?

-Sí, Alphonse Heidrich...

"Encima se llama como yo..." – Pensó el hermano mayor no muy contento. - ¿Y estás con esa persona porque se parece a mí, ¿no es así, nii-san?

-¿Cómo? ¿Qué dices, Al?

-No soy un idiota... llevó aquí dos semanas buscándote y cuando preguntó por ti me dicen que estas con ese alemán... – Empezó a cambiarle la expresión de la cara.

-¿Al...?

-Ayer... pensé en venir a verte... la mujer de la floristería me dijo donde encontrarte y vine a verte... pero al ver por la ventana a él encima de tu cuerpo... yo...

"Entonces... aquella sombra... ¿era él?" – Edward no sabía qué decir.

-No me podías haber esperado, ¿no, nii-san? – Empezó a soltar unas lagrimas.

-Al, yo... No es lo que piensas, solo fue...

-¿Un capricho? ¿Cómo tuvo el coronel contigo? Di, ¿realmente fue eso? Porque parecía que él te satisfacía.

-¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Qué te importa lo que haga en mi vida privada? – Eso le hizo daño a su hermano – Crezco, me hago mayor, tengo una vida, unas necesidades, me independizo un poco, intento relacionarme con la gente...

-¡Pero yo solo quiero estar a tú lado! Quiero crecer contigo (por eso vine aquí), quiero tener mi vida junto a ti, relacionarme contigo, independizarme contigo, tener esas necesidades contigo... Soy tú hermano pequeño... mi única familia eres tú...

-Entiendo como te sientes... todo lo hemos hecho juntos, pero encontrarás a una persona especial algún día y...

-Es que es eso, nii-san... – Se limpió las lágrimas.

-¿Eh?

-La persona especial de Al... eres tú, nii-san... Por muy hermano mío que seas.

-Al...

Edward se le acercó, le quitó la camiseta y le dijo suavemente al oído:

-¿Quieres saber el derecho que tiene uno al ser la persona especial de alguien?

-Nii-san... – Alphonse se ruborizó y Edward se acercó más a su hermano y le beso suavemente.

"Sentir este calor todos los días... tus cálidas caricias todos los días... el derecho a poder rozarte cuando quisiera... ¿Es esto lo que quiero tener con mi hermano mayor?... Solo puedo decir una cosa... Sí quiero... lo deseo con todo mi ser..."

Edward empezó a desnudar a su hermano y le llevó a la habitación. Alphonse estaba muy emocionado. Su hermano le había como algo más que a un hermano y Edward estaba feliz de volver a ver a su hermanito pequeño entre sus brazos. Alphonse conocía muy bien a su hermano y sabía como hacerle sentir de "esa" manera que tanto le gustaba... Algo que solo un Elric sabía hacer.

-¿Esto te gusta, nii-san? – Dijo sonriente.

-Solo... no pares... – Edward se estremecía.
Alphonse abrazaba fuertemente a su hermano, como si lo fuera a perder y no quería desprenderse de él.

-Al... – Su hermano lo miraba con cara de malicia. – Espera...

-¿Nii-san?

Edward apartó a su hermano a un lado y cogió lo que Glacier, la dueña de la floristería, le había dado... Aquel ramo de flores y le dijo a su hermano que se hallaba tumbado medio desnudo en la cama:

-Esto... esto es para ti... Feliz día de San Valentín, Al. – Le echó una sonrisa traviesa.
-Nii-san... – Alphonse se ruborizó y corrió a su hermano. Dejó las flores encima de la mesa cuidadosamente y abrazó a su hermano mientras le decía:

-Yo solo te quiero a ti... pero, gracias por el detalle, nii-san... me encantas... tú y las flores.

Edward se emocionó tanto que le besó fuertemente en los labios.

Alphonse se tiró encima de él en la cama y le cogió de las manos (como para apartarlas de él) y le empezó a besar suavemente:

-Al... suéltame... Necesito... tocarte... sentirte... – El muchacho se estremeció.

-Ahora sabes cómo se sentí al no poder tocarte de "esta" manera aquel entonces...

-Al...phonse... - Edward se tumbó boca abajo en la cama y sintió algo "extraño" por detrás - ¿Alphonse...?

-No hables... solo siente... esto no te dolerá, nii-san.

-Al... – Edward gimió.

-Nii-san... ¿está bien lo que hacemos? Quiero decir... somos hermanos, yo...

-Al, ¿Tú amor es más que fraternal lo que sientes por mí?

-Sí

-Entonces, no se hable más...

-¿Qué dirá la gente sobre esto?

-No tienen por qué saberlo. Además, la mayoría de la gente pensará que tenemos un vínculo muy fuerte entre hermanos por todo lo que nos pasó, ¿recuerdas? Así ha sido siempre...

-Entiendo... – Alphonse paró lo que le estaba haciendo a su hermano.

-Ahora, si no te importa... – Alphonse le miró fijamente – Vamos hacer un intercambio equivalente...

-¿Nii-san?

-Me toca a mí hacerte "eso". – Edward le miró con malicia y su hermano solo se ruborizo y sonrió.

Justo antes de que Edward le besara mientras le hacía "eso" alguien abrió la puerta de par en par y vio aquella escena.

-Alphonse... – Dijo Edward asombrado.

Heidrich se dio media vuelta y se fue por donde había venido. Edward se levantó, se puso una camiseta y fue detrás del alemán. En cambio Alphonse se quedó tumbado en la cama pensando.

-¡Espera, Alphonse! – Le gritó mientras corría. Entonces le alcanzó y le cogió del brazo. Estaba apunto de decirle algo cuando este le soltó primero:

-¿Ese es él? Ese es tu adorable hermano del que tanto piensas... ¿verdad?

-Alphonse... ¿Tú también estás...?

-Sí... ¿qué pasa? Me estoy muriendo y eso a ti parece que te importa poco... Entonces lo de anoche solo fue un capricho, ¿no?

-Oye... no digas eso, Alphonse. Yo no...

-Ya... pues regresa con él y termina lo que has empezado. No os molesto más. – Echo a correr.

-¡Alphonse! – Gritó sin moverse. Entonces Alphonse se acercó a la puerta de la casa medio vestido y me quedo mirando.

-Nii-san...

Al llegar la tarde ambos hermanos estaban en la cocina hablando sobre Heidrich y al rato apareció él como si nada hubiera pasado.

-Hola, Edward. – Le sonrió.

-¿Alphonse?.

-¿No vas a presentarme a tu hermanito?

-Esto... claro – Edward no entendía muy bien lo que pasaba – Al este es Alphonse.

-Encantado – Le soltó una sonrisa hipócrita.

Se dieron la mano y se quedaron mirándose el uno al otro como si se desafiaran con los ojos. Entonces sonó el teléfono y Edward lo cogió.

-Diga. – Ambos Alphonses se quedaron mirándole. Parecían que le estaba comiendo con la mirada al mayor de los Elric mientras seguían dándose la mano. – Oh, entiendo. Claro, ahora mismo voy. Gracias... Adiós.

-¿Quién era, Nii-san? – Le preguntó Alphonse con una cara adorable.

-Era una mujer de correos. Dice que me ha llegado un paquete. Voy a por él. No tardo, ¿vale? - Edward le pegó una sonrisa que hizo que su hermano se estremeciera. – Alphonse, ¿podrías hacerte cargo de Al por mi mientras estoy fuera?

-Claro, no te preocupes.

Edward se fue y Heidrich y Alphonse se quedaron en el patio trasero hablando. Intentando tener una conversación medio decente.

-Entonces, ¿estás cuidando de mi hermano? – Le pregunto Alphonse a Heidrich.

-Sí. Ambos estudiamos cohetería, pero siempre me está contando cosas sobre "su mundo" y sobre la alquimia...

-¿Y tú le crees?

-Bueno, sí... ¿Entonces fuiste una armadura?

-Sí. – Bajó la mirada tristemente.

-Eso tuvo que ser duro para ambos... – Alphonse se quedó callado durante unos minutos.

-Él se ve feliz junto a ti. – Murmuró el hermano pequeño del alquimista.

-¿Perdón? – Heidrich no le había entendido.

-Dime una cosa, Heidrich... ¿Qué tienes tú que yo no tenga para satisfacer a mi hermano? – Le preguntó descaradamente.

-¿A qué viene eso? – Hedrich se ruborizó. Entonces Alphonse le empujó contra la pared, haciendo un poco de daño en el hombro de Heidrich y le dijo:

-Enseñame qué es lo que le haces a mi hermano para que le puedas saciar su sed mientras yo estaba ausente... Juega conmigo, Heidrich... – Le susurró al oído.

-A-al... No podemos... – Heidrich intentaba quitar a Alphonse de encima.

-Eso mismo te habrá dicho Ed y en cambio... – Heidrich se le quedó mirando y al rato sonrió.

-Un intercambio equivalente, ¿eh? – Alphonse empezó a acariciar el cuerpo de Heidrich suavemente mientras le besaba el cuello con dulzura y bajaba cada vez más la mano por su pecho.

-Alphonse... – gimió - ¿Se puede saber dónde me estás tocando? – Le preguntó haciendose la boca agua.

-Solo juego... ¿No te gusta el estilo de los Elric? – Se atrevió a preguntarle.

-Aaaah... – Volvió a gemir el alemán.

Heidrich no estaba muy cómodo apoyado de pie en la pared por lo que ambos se tumbaron en el césped del jardín y Heidrich empezó a desabrocharle los pantalones al joven Elric con la boca.

-¿Eso también se lo hacías a mi nii-san? – Le preguntó riéndose de placer pero Heidrich solo se molestó en contestarle:

-¿Te gusta...? – Rodaron por el césped.

-Veo que no eres nada escrupuloso, ¿verdad? – Le sonrió y entonces Heidrich le lamió la entrepierna y Alphonse gimió – Aaaaah... ya veo que no...

Mientras Hedrich le estaba poniendo perdido a Alphonse, esté no dejaba de pensar en su hermano y en cómo se sentiría él con alguien que se parecía a su hermano pequeño encima de él haciendo este tipo de cosas. Entonces Alphonse se empezó a preocupar...

"¿Le gustará a mi nii-san las cosas que le hace Heidrich en vez de las cosas que le hago yo? ¿O es a mí a quien le gusta más de lo que yo le hago a mi nii-san...?"

Volvieron a rodar por el suelo y Alphonse encima de Heidrich, sin pensarlo, le besó apasionadamente.

Entonces se escuchó la puerta y una voz.

-¡Ya estoy aquí! – Nadie contestó. - ¿Hola? ¿Al?... ¿Alphonse? – Seguía sin recibir una respuesta. Entonces se escuchó un sonido "extraño" – "¿Qué fue eso?" – Pensó Edward.

Siguió caminando y vio que la puerta de la cocina estaba abierta y que no había nadie. Había una prenda tirada en el suelo, cerca de la puerta del patio trasero de la casa y Edward se temía lo peor. Pero cuando salió al patio vio otra cosa...

Ambos Alphonse estaban con las ropas sucias y tirados en el suelo.

-¿Q-qué hacéis? – Pregunto Edward algo preocupado.

-Heidrich me estaba contando cosas sobre la cohetería... Mira, un cohete de barro. – Alphonse parecía un niño pequeño jugando con la arena, cosa que a su hermano le gustó en otro sentido.

-Parece ser que a tu hermano le está empezando a gustar la cohetería, Ed. – Le sonrió Heidrich.

-Je... ya... – Heiderich miró a Alphonse y ambos sonrieron. - "Parece ser que al final no pasó nada..." – Edward suspiró – "Menos mal... parece que se están empezando a llevar bien. ¿Ves, Al? Alphonse no es una mala persona. Nunca me haría daño"

Los tres parecían contentos. Edward nunca supo lo que llegaron hacer Heidrich y Alphonse.

-Oye, Heidrich... ¿cómo te has ganado la confianza de mi hermano? – Le preguntó descaradamente por lo bajo al alemán.

-Bueno, yo... Solo he tenido que abrirme y ser yo mismo. – Le sonrió.

Edward no se fiaba mucho de su respuesta.

Llegó la noche y los tres se sentaron a cenar. Hoy la cena estaba preparada por el mayor de los Elric. Había preparado un exquisito plato de carne con verduras.

-¿Desde cuando cocinas tan bien, nii-san? Esta riquísimo. – Alphonse se quedó perplejo.

-Oye, Al... ¿qué insinúas? – Dijo algo mosqueado y su hermanito se rió cariñosamente.

-No, nada.

-Si me lo permitís, me gustaría que probarais el postre que hice. – Heidrich se levantó de la mesa y trajo de la cocina un plato con pasteles.

-¿Has hecho tú esto, Alphonse? – Edward estaba sorprendido.

-Sí, en secreto. Para algún momento especial. – Heidrich sonrió de nuevo.

"A saber cuando hizo esto..." –Pensaron ambos hermanos a la vez.

-Lo que le haría a Ed con el postre... – Murmuró Alphonse con malicia pero a la vez inocentemente.

-¿Dijiste algo, Al? – Le pregunto Edward.

-No nada, nii-san.

Pasó unos minutos y Edward se empezó a sentir mal.

-¿Qué te pasa, Ed? No te veo con buena cara. – Le pregunto Heidrich.

-Y no lo estoy. – Se sentía mareado. - ¿Desde cuando lleva esa cosa en la nevera, Alphonse?

-Nii-san... – Alphonse se empezaba a preocupar por su hermano.

-Solo desde ayer... ¿Tan malo esta?

-No esta malo, Heidrich... será que... ¿Le has puesto demasiada leche? – Edward al escuchar eso empezó a preocuparse.

-Esto, yo...

Entonces Edward pegó un salto de la silla y gritó:

-¡¿Me estás diciendo que como no crezco me has tenido que poner mucha leche en la tarta para pegar el estirón de una maldita vez!

-Ed, Heidrich nunca ha dicho o hecho eso. – Le explicó a su hermano como si se estuviera pidiendo perdón.

-Ay... que mal me siento... – Se quejó Edward mientras Alphonse le ayudaba a recostarse en la habitación y Heidrich le preparaba una tila.

-¿Estas bien, nii-san?

-Sí, bueno no, pero seguro que se me pasará... – Dijo algo mosqueado.

-No te enfades con Heidrich. Él no tiene la culpa de que seas tan bajito, Ed.

-¡¿Qué has dicho? ¡No llames pulga que no se puede ver ni si quiera a través de un microscopio, ¿eh? – Volvió a pegar el salto.

-Nii-san... – Dijo en voz baja con lágrimas en los ojos.

-Tsk... lo siento... – Le puso la mano sobre la cabeza y apartó la mirada.

Heidrich volvió con la tila y le dijo de tomársela.

-Eso te sentará bien, Ed. – Le dijo mientras este lo miraba con mala cara.

-¿Qué tiene? – No se fiaba de él.

-Miel, agua y algunas hierbas curativas... Me lo recomendó Glacier. – Edward aún no le convenció. – No tiene leche, si es eso lo que te preocupa... – Edward se enfadó más aún.

Entonces Heidrich se acercó al oído de Alphonse y le susurró unas cuantas palabras.

Edward, aparte de enfadado, no quería ver esa escenita de los dos Alphonse y algo celosillo cogió a su hermano y le dijo al alemán:

-Oye, mi hermano es mío, ¿eh?

-Ed... – Pronunció Alphonse - ¿Me estas tratando como a un objeto? ¿Acaso soy de tu propiedad?
-Sí... ¿Algún problema? – Volvió a apartar la vista de su hermano con vergüenza.

-No, nada. – Entonces Alphonse se alegró y le abrazó fuertemente.

-Bueno, se está haciendo tarde para mí. Mañana tengo mucho que hacer. Buenas noches.

-Buenas noches, Heidrich. – Dijeron ambos hermanos a la vez.

-Otra vez nos hemos quedado solos, Ed... – Le dijo con malicia a su hermano y este se dio la vuelta dándole la espalda. - ¿Nii-san?
-Estoy cansado y me duele el estomago...

-¿Aún sigues enfada...? – Entonces Edward le interrumpió y le dijo:

-¿Qué te ha dicho antes?

"Ahora sabrá como me siento cuando..." – Pensó Alphonse.

-Cuando se te acercó de esa manera... ¿qué te dijo? ¿Te gustó? – Alphonse no lograba ver el rostro de su hermano.

-Nii-san... – Se le quedó mirando – Me dijo si queríamos jugar los dos con él un rato en su cuarto. – Le dijo inocentemente.

Entonces Edward se levantó de nuevo y gritó:
-¡Maldito pervertido! ¡Ven aquí que te...! – Entonces Alphonse le abrazó por la espalda mientras este se iba levantando de la cama.

-No hagas movimientos bruscos, Ed... Podrías hacerte daño... – Cada vez le apretaba más.

-Al... – Edward se dio la vuelta y tumbó a su hermano en la cama mientras se ponía encima de él. Alphonse se rió.

-¿De qué te ríes, Al? – Le dijo cortado.

-Me gusta cuando te pones así... – A Edward se le puso la piel de gallina.

-Cállate, Al... – Volvió a apartar la vista.

-Últimamente te cortas mucho conmigo... ¿Hago algo más, nii-san?

-No... – No le miraba a los ojos. Alphonse le cogió suavemente hasta comerle con la mirada.

-Dímelo, Ed. Soy tú hermano. – Alphonse estaba totalmente relajado con él pero este no parecía estarlo.

-Es qué... – Alphonse se levantó un poco y se le acercó – Me da cosa...

-Vamos... nii-san...

-Se te ve tan mono entre mis brazos que me cuesta creer que hemos llegado hasta aquí, Al.

Alphonse le sonrió:

-Solo tienes que relajarte, Ed... Si no quieres hacer nada, no lo hagas... Pero deja que yo... – Alphonse se le acercó lo suficiente para besarle y así lo hizo. Le empezó a besar con ternura.

Entonces Edward empezó a pensar:

"Al me hace sentir de esta manera... pero el otro Al me hace sentir de "aquella" manera... A Heidrich le queda poco tiempo y a Al... Es mi hermano... ¿Qué debo hacer? Todo era estaba muy claro cuando estábamos en Amestris". "Esto está mal... Soy el alquimista de acero no ningún perrito faldero... Como alquimista debería de tener las ideas claras..."

-Nii-san... ¿Qué haces? – Alphonse ruborizado contemplaba como su hermano se apoderaba lenta y suavemente de su cuerpo cálido. - ¿No te da cosa? – le preguntó.

-Cuando tú me lo hacías no te daba cosa, ¿no?

-Ed... – Alphonse gimió.

-Además… este tipo de leche... no me importa tomarla... – Edward cerró los ojos, se rió y siguió haciéndole a su hermano lo que tanto le gustaba. Alphonse en vez de gemir pareció que gritó... pero de placer...

"Tengo que disimular más o Heidrich vendrá... Y no quiero que este momento pare ahora... ni nunca" – Pensó el hermano menor.

-Ed, me siento mojado... ¿Qué haces? – Gimió una vez más.

-Solo confía en mi, Al...

-Aaaah... Nii-san...

Desde la otra habitación se podía contemplar a Heidrich como miraba a la luna desde su ventana. Su expresión parecía triste y pensaba:

"Me queda poco tiempo..."

Entonces tosió y observó que en su mano tenía algo de sangre. Él sabía que no iba a durar mucho en este mundo, vivo, y que no iba a salir victorioso "compitiendo" contra el hermano de su amado.

-Edward... – Murmuro tristemente.

Al día siguiente, Edward se despertó y se quedó mirando a su adorable hermano que aún dormía a su lado. Al hermano mayor se le hacía la boca agua con solo mirarle pero no quería despertar a su hermanito.

-Ed... – Se le escuchó decir a Alphonse en voz baja.

-¿Sí?

-Nii-san... Más... – Alphonse abrazó a la almohada fuertemente. Entonces Edward supo que solo estaba hablando en sueños y le besó suavemente en la frente.

Edward bajó las escaleras y Heidrich estaba en la cocina con el desayuno preparado para todos. Hizo unas ricas tostadas con mermelada y frutas para comer acompañado de té inglés.

-Buenos días, Ed. – Le sonrió como siempre el alemán. Edward no dijo nada y se sentó en la mesa con la camisa medio desabrochada. – Oye, Ed, al final no vinisteis a mi cuarto. – Heidrich intentó hacerle la gracia, cosa que no consiguió. - ¿Aún sigues enfadado? ¿Te encuentras mejor?

-Sí, bueno... – Dijo sin ganas mientras bebía. – El té está bueno. – Heidrich bajó la mirada sintiéndose culpable y Edward se levantó, se le acercó, le acarició suavemente el triste rostro del alemán y murmuró al oído – No pasa nada... estoy bien con los dos. – Heidrich se estremeció.

-Ed... – Alphonse apareció por la puerta de la cocina. Se había levantado y llevaba puesto un polo largo blanco que le llegaban por las rodillas (seguramente de su hermano) con el pelo un poco despeinado y suelto. Miró de mala manera a Heidrich y se sentó en la mesa a desayunar.

-Al... Buenos días – Le saludó como si nada hubiera pasado a pesar de haber contemplado esa escena - ¿Dormiste bien anoche? – Se atrevió a preguntar.

-Sí. Algo caluroso pero sí. – Volvió a mirar a Heidrich con cara de malicia, como si estuviera insinuando algo, como si le desafiara.

-Y bueno... ¿hay algo qué hacer hoy? – Preguntó Edward para "romper el hielo".

-Bueno, hoy estoy completamente libre. Aunque tengo que ir al médico, claro.

-¿Médico? – Preguntó Alphonse.

-Sí... – Edward apartó la mirada justo cuando Heidrich asintió con la cabeza.

-¿Estas mal? – Le preguntó Alphonse.

-Sí... Estoy enfermo. – Alphonse se sumió en la oscuridad en ese momento. Él no sabía nada de nada y se quedó congelado al saberlo.

-Vaya, yo... No sé que decir, lo siento, Hei...

-No pasa nada, Al – Le sonrió y le puso la mano en el hombro – No tienes por qué sentirte culpable. Al saber esto no tienes por qué cambiar tu actitud conmigo. Por favor, sigue siendo tú, ¿de acuerdo?

Alphonse no se atrevía a mirarle a la cara.

"Le he estado tratando mal desde que encontré a Ed y ahora... Me siento culpable... Pero no quiero que se quede con mi hermano... Yo..."

-Bueno, alegrad esas caras, chicos. – Dijo alegremente Heidrich – Y vayamos hacer algo los tres juntos, ¿vale?

-¿Qué cosas? - Edward no se fiaba de nuevo.

-Nii-san... – Le dijo con tono de malicia y Heidrich respondió:

-Ya sé que estamos en invierno pero conozco un sitió donde hay unas aguas termales muy...

-¿Aguas termales en invierno?

Heidrich sonrió.

-Confía en mí, Ed.

Entonces Edward pensó como lo haría el coronel Mustang y fijó en su mente una imagen de los dos Alphonse en las aguas termales. Empezó a sangrar por la nariz.

-¡Ed, ¿estás bien? – Se preocupó Heidrich y Edward no respondía.

-¡Nii-san! ¡Reacciona, nii-san! – Le pegó en la cara pero ni modo de hacerle entrar en razón. Entonces ambos Alphonse se miraron. Parecían que estaban hablando con la mirada y le gritaron:

-¡Reacciona, retaco! – Entonces Edward "despertó" y se quejó:
-¡¿Me estáis llamando pulga mal desarrollada? – Heidrich y Alphonse empezaron a reirse y le abrazaron a la vez. – "Lo que hay que aguantar algunas veces..." –Pensó el alquimista de acero.

Al llegar a aquel lugar ambos hermanos se quedaron asombrados al ver el lugar.

-Es enorme... – Dijo Alphonse inocentemente haciendo que su hermano se ruborizase de lo mono que estaba. – No sabía que aquí había esta clase de lugares. – Heidrich sonrió.

Entraron en el recinto y Heidrich fue al mostrador. Le dio una llave y una entrada. Ambos hermanos Elric siguieron al alemán hasta la habitación y se cambiaron. Luego volvieron a bajar a las aguas Edward y Heidrich.

-¿Y tu hermano, Ed?

-Aún no ha terminado de cambiarse.

-¿No le ayudas?

-Al no es tan niño como parece. Puede cambiarse él solito. –Le respondió algo sarcástico.

-Lo siento... Lo decía por si después no sabe cómo encontrarnos. Es la primera vez que venís.

-Tranquilo, Al se orienta bien. – Le dijo con una sonrisa en la cara.

Los dos se metieron en el agua mientras esperaban a Alphonse.

-Oye, Alphonse... Siento mucho...

-No tienes porque disculparte de nada. Todo esta bien. – Le sonrió una vez más.

-Entonces... – La expresión de Edward se volvió maliciosa y perversa – De mientras que esperamos a Al porque no... – Se acercó mucho al alemán y empezó a acariciarle.

-Edward... ¿aquí? – Se ruborizó al ver a su compañero tan cerca de él.

-Aquí y ahora... – Le dijo suavemente con un tono perverso. Por como se comportaba empezó a recordar al coronel Roy Mustang. No sabía si alegarse o morirse del asco. Se aclaró la mente e iba a empezar a lamerle el cuello a su amigo.

-Ed... no... – Heidrich intentaba pararle pero no podía, él se dejaba seducir por el alquimista. – Eres un pervertido, Edward Elric... – Le dijo mientras cerraba los ojos y sonreía de placer.

-¿Acaso tú no? – Le preguntó perversamente.

Entonces, Heidrich escuchó unos pasos.

-¡Nii-san! - Era Alphonse. - ¡Nii-san, nii-san!

-Ed, tu hermano. – Edward se levantó y le dijo:

-Esto no quedará así, Heidrich... No voy a dejarte a medias, sé que lo deseas. – Le miro decididamente, se puso la toalla alrededor y salió un momento al pasillo. – Al, aquí.

-¡Nii-san! – Sonrió.

-¿Te ha costado encontrarnos? - Le puso la mano por encima de la cabeza.

-No, pregunté en la recepción. – Le cogió del brazo cariñosamente. Edward sonrió.

Los tres se quedaron disfrutando del baño un buen rato y hablando sobre todo tipo de cosas. Estaban al aire libre y a pesar de que era invierno los tres estaban a gusto. Había una pared donde estaba un reloj y Heidrich vio la hora y se acordó del médico .

-¡Ah! El médico... Llegaré tarde si no me voy ahora... Cuando termine vuelvo, ¿de acuerdo?

-¿Aquí? – preguntó Edward.

-Sí, he reservado una habitación para esta noche, llámale una especie de excursión. Solo quedaba una habitación, así que nos quedaremos los tres en la misma. Dan buenos servicios aquí.

-Pero...

-Tranquilo. Estaré bien. Tú y tu hermano disfrutad de este paisaje y relajaos. Intentaré no tardar. Adiós. – Se marchó con prisa.

"Ha dicho una sola habitación... Tal vez podremos jugar los tres juntos esta noche..." – Pensó el menor de los Elric.

En ese momento Alphonse no se había percatado de dónde le estaba poniendo la mano a su hermano y este directamente se la cogió y le dijo:

-Al... Ahora no.

-Ed... – Alphonse se quedó con las ganas.

-Dios...

-¿Nii-san?

-Te ves tan mono... Ojala no fueras mi hermano.

Eso le preocupó a Alphonse.

-Pero si siendo tu hermano tenemos derecho al roce...

-Lo sé pero es que... Eres mi hermano... mi sangre, mi otra imagen... Seguro que nuestros padres no les gustaría vernos aquí.

Alphonse bajó la mirada.

-Pero no están aquí para verlo...

-Al... Lo siento, no quería...

-No importa, en serio, Ed – Alphonse sonrió hipócritamente.

-Ven. – Edward le abrazó.

"Este calor... su cuerpo... me hace sentir tan bien cuando estoy tan cerca de mi hermano..." – Pensó Alphonse ruborizado.

-Pase lo que pase y digan lo que digan, por muy hermano mío que seas yo siempre te voy a querer como algo más que a un hermano, ¿comprendes?

-Nii-san... – Alphonse se sentía feliz al oír eso.

Ambos se quedaron un rato abrazados el uno al otro.

-Anoche soñé que Alphonse y tú os peleabais.

-No me extrañaría, Ed.

-¿Pero por qué te cae mal? Si cuando volví parecíais muy amigos.

-Ya... me pongo "amable" con él para que tú estés feliz pero no soporto la idea de que hayas estado con él todo este tiempo mientras yo te buscaba. Eso me hace daño. – Edward se rió.

-Venga, tonto. Yo nunca...

-¿Tú nunca? Y aquella vez... ¿qué fue?

Edward se quedó callado unos minutos y luego continúo:

-La primera y última vez... Compréndeme que había llegado a mis limites.

-No me gusta que mires a otros hombres de "esa" manera, nii-san – Le dijo seriamente.

-¿Estas celoso? – Edward le pegó una mirada penetrante.

-Sí... – Le costó reconocer y se puso encima de su hermano – Edward Elric solo pertenece a Alphonse Elric y a nadie más. Además... ¿te gusta las cosas que él te hace o te gustan más las cosas que yo te hago, Ed? – Se empezó a cortar un poco.

-Al... – Le empezó a acariciar el pecho.

-Te cuesta "elegir", ¿verdad?. Elegir a las personas esta mal, nii-san. Estas jugando a dos bandas y ... – Edward no le dejó continuar y para hacerle callar le besó apasionadamente.

-¿Ya? ¿Has terminado conmigo? ¿Estas más tranquilo así? – Alphonse se ruborizó más todavía.

-No... acabo de empezar, Ed... – Le empezó a besar por el cuello (una de las costumbres que tenían los Elric) y Edward gimió.

Edward andaba pensando en lo que dijo su hermano sobre ir a dos bandas. Él estaba en lo cierto y eso estaba mal. Por otra parte Heidrich tarde o temprano iba a morir y eso entristecía al alquimista, pero también adoraba a su hermano con locura. Él quería a ambos pero no sabía qué hacer. Alphonse se había "matado" buscando a su hermano para que ahora este le dejase por el alemán. Realmente estaba preocupado. Necesitaba tener las cosas claras. Él podía hacer feliz a uno de los dos pero a la vez haría daño al otro y él no quería eso. Era una responsabilidad muy grande para él.

Mientras su hermano le "devoraba" el cuerpo entero Edward se sumía en un estado de placer que le costaba hacer pensar. Entonces recordó lo que Heidrich le dijo una vez:

"Yo siempre voy a estar solo, incluso si no muero seguiré estando solo... Y si muero... nadie se preocupará y estará triste por mi muerte... Por eso quiero, Edward, que me recuerdes. Quiero dejar señales y huellas de que estuve vivo en este mundo"

-Has dejado ya tú huella en mí, Alphonse... – Murmuró Edward.

-¿Qué? – Preguntó su hermano que estaba entre sus piernas.

-Perdona, no he dicho nada, Al. – Le sonrió. Entonces sus ideas se aclararon. Apunto de seguir su hermano con lo que estaba haciendo se aparta Edward, se le acerca y le dice muy cerca de sus labios – No voy a dejar que nadie más se apodere de mi cuerpo, Al... Soy solo tuyo y tú eres mío... – Entonces le besó.

-Eso es que... – Alphonse se estremeció al oír sus palabras de nuevo.

-Solos tú y yo.

-Pero... ¿Y Heidrich?
-No te preocupes... él lo entenderá... – Le acarició su suave cabello.

-Nii-san... – Le besó otra vez - ... te quiero.

Ambos hermanos salieron de las aguas termales y se adentraron a la habitación dónde pasarían toda una tarde, a la espera de la llegada de Heidrich, demostrando su apasionado amor el uno al otro sin importarles nada en ese momento. Esa experiencia íntima que iban a volver a tener, ahora sería algo único y especial para los dos. Lleno de placer, amor, cariño y el calor de la persona amada encima de ti.

Todo era perfecto, solo había una cosa que no encajaba... Heidrich nunca volvió del médico.

Continuará...
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Re: Los pecados de un alquimista.

Mensaje por Ladd Russo el Junio 8th 2011, 10:41 pm

Bien, bien, veo que me hiciste caso y lo subiste. Buena chica, Pandora *le acaricia la cabeza como si fuera un perrito*

Kyaaah, no sé por donde empezar >w< La verdad es que para ser un solo capítulo pasaron muchas cosas xD Hubo muchos momentos que dejaron volar mi imaginación (sí, esos momentos) y me hubiese gustado que se hubieran desarrollado más... pero los comienzos con el yaoi siempre son difíciles. Aún recuerdo cómo me estrujaba los sesos para encontrar sinónimos de buen gusto xDD Aunque EdAl no es mi pareja favorita lo cierto es que se ven muy monos juntos aquí. Y si a la ecuación sumamos al sexy Heidrich, pues ya ni te cuento xD Aunque eché en falta el trío final, para qué nos vamos a engañar U.U ¡Tienes que poner pronto el siguiente cap para que vea qué fue de él! Me da mucha penita, siento debilidad por los personajes moribundos ;^;

Ah, también hubo momentos de humor que me llegaron, especialmente lo de la tarta con demasiada leche (a Ed hay que engañarlo para que se la tome xD). Pero el mejor de todos, el que me ha hecho soltar una carcajada, ha sido:

" -Oye, Heidrich... ¿cómo te has ganado la confianza de mi hermano?
-Bueno, yo... Solo he tenido que abrirme y ser yo mismo. – Le sonrió."

Qué LOL. Eso, eso, tú "ábrete" Hei xDD A mí se me conquista con toques de humor simple como estos xD

Por último sí que tengo que hacer notar que tu narración de aquí no tiene mucho que ver con lo que yo he visto en tu album o en tus roles. Has mejorado muchísimo en estos años! Pero es lo normal, y algo de lo que estar orgullosa: los años no solo nos traen arrugas, también sabiduría y madurez U3U xD Y te mataré como no me postees el resto de capítulos antes o después ^0^

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Re: Los pecados de un alquimista.

Mensaje por Hannibal Lecter el Junio 9th 2011, 12:32 am

OMG, has hecho que me sienta halagada y todo ;w;
Entonces, ¿te ha gustado? ¿No te ha parecido que es una santísima aberración? (Creo que me he paseo y todo xDU) En mi defensa {?} diré que era la primera vez que escribía lemon en un fic. Y bueno, a mí es que el Elricest siempre me ha parecido algo muy tierno, pero por donde se ponga Hei, ajem, ajem. Si es que me enamoré y todo la primera vez que lo vi en Shambala, era tan adorable y tan desgraciado el pobre {?} Y hombre, un fic tiene que tener de todo, ¿no? Como por ejemplo humor, humor por todas partes. En fin, mil gracias por leerlo y comentar. Tienes toda la razón, esto no se parece en nada a cómo escribo ahora. Por eso creo que sería una buena idea rescribirlo cuando pueda y esas cosas.

Cuando quieras subo el segundo capítulo, aunque ya he dicho que sólo tengo tres xDU
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Re: Los pecados de un alquimista.

Mensaje por Hannibal Lecter el Junio 10th 2011, 9:29 am

Capítulo II: Despedidas y reencuentros.


Al día siguiente Alphonse se despertó con los primeros rayos de sol y se quedó mirando a su hermano mayor como dormía a su lado. Se puso los pantalones y se quedó pensando en lo que habían hecho anoche. Al pasar un rato, Edward se despertó con hambre, se arregló y ambos hermanos bajaron a desayunar. Mientras desayunaban Alphonse le preguntó a su hermano:

-Al final Heidrich no llegó anoche... – Parecía preocupado.

-Sí... Tal vez se encontrase mal y decidió irse a casa. Suele hacer ese tipo de cosas para que no me preocupe.

Siguieron cenando y al cabo de unas horas decidieron volver a casa. Ninguno de los dos comentó lo de la noche anterior. Era como si aquello se estuviera convirtiendo en algo habitual y normal entre ellos. Al llegar a casa se dieron cuenta de que estaba vacía. No había ninguna nota del alemán ni nada por el estilo.

"¿Dónde se habrá metido...?" – Pensó Edward.

-A lo mejor tiene trabajo. – Dijo Alphonse por lo bajo como si pudiera leer la mente de su hermano.

-Tal vez pueda ser eso.

Pasaron las horas y la mañana se iba haciendo tarde. Llegó la hora de comer pero el alemán no aparecía por ninguna parte. Eso le empezaba a mosquear al mayor de los Elric. Cogió su chaqueta y se fue a por él, aunque no sabía muy bien donde encontrarle. Empezó a buscarle por el parque, el centro, los alrededores, etc... Pero este no aparecía. Edward estaba bastante preocupado y empezaba a desesperarse. Entonces optó por ir al sitio donde dijo su amiga que iría; El médico.

Entró en al hospital y preguntó en recepción. Una hermosa mujer le atendió amablemente y le dijo que esperase. Se levantó de la silla y se fue. Edward esperó impacientemente en una silla que había y al cabo de unos minutos volvió la mujer junto con un hombre de una bata blanca.

-¿Es usted familiar de Alphonse Heidrich? – Le preguntó.

-No...

-Lo siento pero solo familiares del paciente pueden verle.

-¡Espere! – Alzó el tono de voz.

-Shhh, por favor, esto es un hospital. – Le dijo el médico.

-L-lo siento... – Edward se disculpó y continuó – Soy un amigo del paciente. ¿Por lo menos puede decirme qué le pasa? Ayer dijo que iba a venir aquí pero nunca regresó y...

-No tiene familiares, ¿verdad? – Le preguntó seriamente el médico.

-Exacto... por eso yo...

-Entiendo. – El médico se quedó pensando.

El hombre se enseñó y acompañó a Edward hasta donde se encontraba su amigo. Abrió la puerta despacio y el alquimista contempló aquello.

-E-es... horrible... Alphonse... – Murmuró con un miedo terrible en el cuerpo.
Edward vio como Heidrich estaba en la cama, lleno de tubos y maquinarías por todos lados. Era realmente traumante para él. No había palabras para describir lo que sentía y veía. Se le veía tan vacío a Heidrich. Entonces el médico empezó a explicarle al alquimista qué le había pasado pero este parecía que hacía oídos sordos y se sumió en un manto de oscuridad y preocupación.

El médico dejo a Edward con Heidrich solos en la habitación. Este se le acercó y le cogió de la mano.

-Esta totalmente helado... – Dijo como si fuera a llorar.

Entonces numerables imágenes se le venían a Edward de cuando le conoció por primera vez. Él sabía que no podía pensar "de esa manera" aún, pero sabiendo todo lo que había pasado y el problema que tenía su amigo no sabía como reaccionar.

-Si pudiese utilizar la alquimia en este mundo... – Bajó la cabeza mientras le apretaba más la mano a su amigo.

-Ed... ward... – Se escuchó.

Edward reaccionó:

-¡Alphonse!

-Has venido… - Le costó decir - ¿Por qué tienes que verme en este estado? – Le sonrió como siempre hacía el alemán.

-¡Idiota! – Fue lo único que pudo decirle. – Yo ya sabía lo de tu estado pero no quisiste mi ayuda... ¿Por qué? – Empezaba a caer una lágrima sobre su triste rostro. Entonces Heidrich, con un esfuerzo tremendo, le acercó la mano a su cara para acariciarle y se quitó la mascarilla que llevaba y le dijo suavemente:

-Porque te quiero...

-Nii-san... – Se escucho decir por atrás. Edward se giró.

-¿Al? – Su hermano pequeño le había seguido y consiguió tener acceso al cuarto de Heidrich.

-¿Qué haces aquí? – Le preguntó mientras miraba como su hermano le cogía de la mano y lo escuchaba todo.

-Es horrible... – Dijo el pequeño. Edward se apartó de la cama.

-¡Es-esto n-no es...! – Antes de que el chico de acero terminará su frase Alphonse se acercó llorando a Heidrich y se arrodilló al suelo.

-Lo siento... – Era incapaz de mirar al enfermo a la cara.

-Al...

-No tienes por qué lamentarlo, Al – No paraba de sonreírle a la gente. Siempre se mostraba cariñoso con todo el mundo.

Entró el médico y les dijo a los dos hermanos que tenían que dejar la sala libre.

En el pasillo, sentados en un banco, Alphonse le preguntó:

-Heidrich... Se va a morir tarde o temprano, ¿no?

Edward no contestó.

-Entiendo... – Alphonse aún estaba medio llorando. Edward le puso la mano sobre su cabeza y le dijo:

-Yo no puedo hacer nada y tú tampoco... Solo él, con su fuerza de voluntad, y los médicos pueden hacer algo. ¿Recuerdas lo que nos decía el maestro? La muerte es inevitable y no podemos hacer nada para eso. No podemos detener el flujo de la vida...

-...Y no se puede resucitar a nadie de la muerte... – Continuó el pequeño.

-La culpa no es tuya, Al.

Ambos hermanos se abrazaron.

Volvieron a casa. Sin decir nada. Tristes, vacíos... Cenaron, se desvistieron y se fueron a la cama pronto. Esperando a que esa pesadilla desapareciera. Ni si quiera se dijeron las buenas noches. Esa semana volvieron al hospital varios días a visitar a su amigo. Esta vez no tenía la mascarilla y no estaba tan débil como el día anterior. Ambos hermanos se sentían culpable, Alphonse más que Edward, pero no querían que Heidrich les vieran así por lo que intentaron actuar con normalidad.

-Voy a por unas bebidas. – Dijo Alphonse.

-Vale. Tráele algo a Alphonse por si quiere.

Al salir el menor de los Elric, Edward se calmó y se sentó al lado del alemán.

-¿Qué te preocupa, Ed? Conozca ya esa mirada.

-No es nada... es solo que a Al lo encuentro más revoltoso.

¿Qué quieres decir?

-Apenas me habla, no me hace caso y pasa la mayoría del tiempo encerrado en la habitación. Es como si estuviera enfadado consigo mismo.

-Se le pasará, ya lo verás. –Dijo risueño.

-¿Por qué estas siempre tan calmado a pesar de lo que te pasa? Después de lo que me dijiste tú...

-Edward... Después de lo que te dije empecé a pensar... Y ya lo he asumido. A veces la verdad duele, pero no puedo hacer nada para cambiarlo.

-¿Le temes a la muerte?

-¿Eh?
-¿Qué si le temes a la muerte?

-Ed...

Alphonse interrumpió:
-Aquí traigo las bebidas. Tomad. – Le dio uno a los tres, todos del mismo sabor.

Entonces volvió el médico de Heidrich.

-Perdonad, ¿interrumpo algo?

-Ah, doctor... Nada, pase, por favor. – Contestó Heidrich.

-Tengo noticias sobre su estado. – Mientras decía esto miraba a los dos hermanos como si quisiera que no lo oyesen.

-Por favor, doctor, deje que se queden.

-Muy bien... – Tomó su tiempo y siguió – Debo decirle que esta semana la lleva bastante mejor que otras veces y que con suerte puede que vuelvas a casa esta misma noche.

-¡Eso es genial! – Dio saltos de alegría Alphonse.

-Pero tendrías que volver más a menudo para tenerte controlado.

-No hay problema, doctor. – Le dijo el alemán contento.

Justo cuando el médico salió de la habitación Edward le siguió para hablar con él y le preguntó:

-¿Cuánto le queda? – El médico no respondió. Se puso enfrente de él con una mirada penetrante y le volvió a preguntar - ¿Cuánto tiempo le queda, doctor?

El médico pasó de él y le dijo:

-Solo estate pendiente de que sea las mejores semanas de su vida, muchacho.

Edward se quedó paralizado en el pasillo pensando durante unos minutos. En cambió en la habitación, que estaban solos los dos Alphonse, se respirada un aire algo incomodo.

-Oye, Heidrich... – Empezó a decirle para romper el hielo con vergüenza. - ¿Cuáles son tus deseos?

-¿A qué viene eso?

-Por favor, contesta.

Entonces Heidrich lo comprendió y le dijo señaló con la mano para que se acercase. Este le hizo caso y le susurró al oído.

-Ah... – Alphonse se apartó de él – ¡No puedo hacer eso!

Heidrich le sonrió.

-Lo sé, Al...

Alphonse se quedó pensando mirándole

"Nii-san..."

Llegado la noche, el médico le doy el alta al enfermo y los tres se marcharon a casa.

-Me alegro de volver a casa. – Dijo contento el alemán.

-Todos lo estamos. – Respondió Ed. Alphonse no dijo ni una sola palabra desde que salió del hospital.

Los tres cenaron y Alphonse parecía no tener hambre.

-¿Por qué no comes, Al? – Le dijo Ed.

-Estoy lleno.

-Pero si apenas has comido.- Alphonse no contestó, seguía con la mirada baja. – Bueno, con vuestro permiso... – Ed se levantó de la silla – Me voy a la cama que tengo sueño. Han pasado muchas cosas hoy... Mañana haremos alguna excursión o algo, ¿de acuerdo? Así lo celebramos ya que todos estaremos menos cansados.

-Claro. – Dijo Heidrich y se despidió.

Heidrich miraba como Edward subía las escaleras y se quedo mirando a Alphonse, que seguía sin levantar la miraba.

-¿En serio no tienes hambre? – Le dijo inocentemente el enfermo.

-Puedes comerte mi plato si así lo deseas. – Era incapaz de mirarle a los ojos.

-No es precisamente eso lo que quiero comerme. – Le sonrió con malicia.

-Entonces ve...

-¿Eh?

-Que si es eso lo que quieres ve... No te lo voy a impedir.

Heidrich se levantó de la silla le dio un beso en la frente y subió las escaleras.

Entonces a Alphonse se le vino a la mente lo que le susurró al oído Heidrich en el hospital.

"Si quieres complacerme estos últimos días de mi vida... Entonces dame a tu hermano solo para mí."

Con tan solo pensarlo Alphonse se enfadó con él mismo:

-Nii-san... Lo siento... – Se apretó las manos.

En medio de la oscura habitación, Edward no paraba de dar vueltas a lo que le dijo el médico. Sintió como alguien se metía en su cama y bajo las mantas le empezaba a besar.

-No, Al... Hoy no, déjame. – Se quejó el muchacho pero esté no le hizo caso. - ¡Ya vale, Al! – Se levantó de la cama. - ¡Estas insoportable últimamente!

Entonces "su hermano" se dirigió a Edward y al ver que aquella sombra era mucho más alta que Alphonse se empezó a asustar.

-¿Al?

La misteriosa sombra cogió al alquimista de los brazos, los puso detrás y empezó a besarle el cuello. Edward solo gemía.

-De...jame... – Empezaba a excitarse.

Alphonse desde el otro lado de la puerta oía como su hermano intentaba "escapar" de la misteriosa sombra, pero no hizo nada y les encerró en la habitación. Edward pudo soltarse de él y se dirigió a la puerta a oscuras. Se chocó con una silla pero siguió y no pudo abrirla.

-¡Al, ayudame! – Gritó pero su hermano no hizo nada.

Y entonces bruscamente la sombra le tiró en la cama. Le dio a beber un líquido que era ni más ni menos que un afrodisíaco muy potente sacado de dios sabe dónde y se lo hizo tomar.

-¿Qué es esto? Esta dulce...

-Solo bebe y calla... – Murmuró.

"Esa voz..." – Edward reaccionó - ¡Suéltame Alphonse! – Heidrich no le hizo caso y se atrevió a pegarle tan fuerte que lo dejo medio atontado. Aprovechó el alemán para atarle a la cama mientras intentaba desnudarle lentamente. Heidrich no se fiaba mucho del efecto de la bebida e hizo bebérsela de nuevo entera. Pero antes él se la metió en la boca y se la hizo beber al alquimista de su propia boca.

Edward se dio cuenta de aquello. Le estaban obligando hacer algo que no quería en ese momento y su hermano no hacía nada para detenerle. En efecto, esa noche Heidrich estaba violando a su amigo y mientras él solo gemía, lloraba, gritaba pidiendo ayuda y sentía demasiado placer su hermano estaba al otro lado de la puerta escuchando todo, sentado con la cabeza baja y llorando.

-¿Por qué me haces esto, Alphonse?

-¿Acaso no lo entiendes? Yo nunca podré tenerte para mí.

-¿Pero por qué de esta manera? ¡Alphonse, para! ¡Te lo suplico, me haces daño!

-Lo siento, Edward, pero... Aguanta unas horas más... Una vez esté tu cuerpo marcado podré descansar en paz. – Edward gritó:

-¡Aaaaaaal!

Pasó medía hora y la habitación seguía a oscuras. Edward no podía ver lo que le hacía pero sí lo sentía. Ya no se quejaba pero si gemía y lloraba. Estaba como paralizado mientras Heidrich andaba haciéndole todo tipo de perversas cosas. Los ojos de Edward parecían vacíos y solo pensaba en por qué su hermano no le ayudaba.

"Nii-san... por favor, perdóname..."

Alphonse no sabía qué hacer y reunió el valor necesario para levantarse e intentar detener a Heidrich. No aguantaba más. Pero, antes de que pudiera abrir la puerta escuchó unas palabras que le dolieron en el alma.

-Aunque sea por última vez, por favor, dime lo que quiero oir.

-¿Si lo digo me dejarás ir? – Miró de reojo a su violador.

-No. Solo si me dices lo que quiero oír y me pides más, puede que me detenga.

-¿Es está la forma que tienes de despedirte?

-¿Quién dijo que fuera una despedida, Ed?

Entonces el silencio se adueñó de la situación durante unos minutos.

-Sabes que como tú no hay nadie, Heidrich. Sabes que por mucho que me aleje de ti, por mucho que finja o este lejos de ti sabes que yo siempre te querré. Sabes que aunque diga que quiero que lo dejes en verdad deseo que sigas eternamente. Te quiero, Alphonse Heidrich.

Heidrich sonrió complacido y Alphonse corrió escaleras abajo, cogió su gabardina y salió de la casa. Heidrich siguió un poco más. Edward no se quejó, le dejó continuar haciendo su trabajo. Su último deseo.

Eran las seis de la mañana cuando Heidrich se despertó abrazado a su amigo. Estuvo unos minutos mirando como dormía y se levantó y vistió. No se había arrepentido de nada de lo que había hecho la noche anterior. Buscó al hermano de Edward para hablar con él y no lo encontró por ningún lado. No sabía adónde podría haber ido. Pensaba que quizás había salido por lo que recogió todas sus cosas, le dejó una carta encima de la mesa y se fue de la casa sin formular palabra alguna.

Edward se despertó sobre las diez de la mañana atontado. Le dolía la cabeza y veía doble.

"Probablemente fue de la manera tan brusca que me hizo beber aquella cosa" – Pensó.

El joven Elric recordaba con imagen borrosa todo lo ocurrido la noche anterior. Vio que la ventana estaba abierta de par en par y que el sol brillaba con más luz que nunca aquel día. Se quedó pensando, desnudo en la cama, el por qué del comportamiento de su hermano y se envolvió entre las sábanas. A la media hora se vistió y bajó abajo. No había nadie. La casa estaba completamente vacía. Edward buscaba a alguno de los dos Alphonse pero no daba con ninguno. ¿Dónde podrían estar? ¿Podría ser que Heiderich estuviera de nuevo en el hospital?.

Elric cogió su gabardina y salió de la casa. Aquellas paredes estaban selladas. Aquélla casa guardaba el secreto de los Elric y el pecado del alemán que ahora estaba vacía pero daba mucho de que hablar.

"Mi hermano me odia. Seguro que está muy enfadado conmigo. No me va a dirigir palabra alguna. Hice mal en dejarle con Heidrich pero lo hecho, hecho está. Me siento fatal pero no puedo volver a mirar a mi nii-san a los ojos nunca más."

Alphonse se sentía culpable (una vez más) por lo ocurrido la otra noche y no hacia más que darle vueltas al asunto. El hermanito del alquimista mostraba un aspecto horrible: con apreciables ojeras, despeinado y la ropa toda sucia. Al marcharse de ahí llorando la noche anterior parecía ser que no volvió a la casa. Se había quedado toda la noche como un vagabundo en la calle, durmiendo en el suelo de una iglesia. No tenía intenciones de volver a ver a su hermano y pensó que fue un error volver a verle en aquella situación.

"Debería de haberme quedado en Amestris" – Mientras pensaba esto intentaba conseguir un billete de tren a algún lugar donde lo llevaría lejos de ahí. Un lugar donde ni Edward ni Heidrich lo encontraran.

Edward buscó al alemán en el trabajo y los sitios donde podría estar hasta llegar por fin al hospital. Peguntó por el enfermo pero nadie le decía nada.

-Le hemos dado de alta, señor.

-Sí, eso ya lo sé. Solo quiero preguntar si tenía alguna cita con el médico hoy. – Edward empezaba a ponerse nervioso.

-No, lo siento, pero por aquí no ha pasado.

-Vale, gracias de todas maneras. – Bajó la cabeza. – "Si no está en el hospital, ni en el trabajo, ¿dónde demonios se habrá metido?" – Pensaba.

Estuvo toda el día buscando a Heidrich hasta que se dio por vencido y volvió a casa. Pero seguía vacía. Ninguno de los Alphonse había dejado marcas en la casa y eso empezó a preocuparle. Edward esperó y esperó y esperó. Durante casi seis horas sentado en una silla de la cocina esperando a que alguno de los dos apareciera por la puerta pero ninguno lo hizo.

-¡Ya estoy más que harto! – Gritó el joven alquimista. – Me tienen aquí esperando todo el santo día y ninguno regresa... ¿Pero qué demonios está ocurriendo aquí? – Entonces Edward se reveló – No será que...

Al fin se dio cuenta de lo que parecía aquello. Se habían ido de casa. Eso le puso de los nervios al hermano mayor y no sabía qué hacer. Salió desesperado de la casa, una vez más, y gritaba por la calle el nombre de ambos. Preguntó a todo los conocidos de la cuidad pero no daba con una respuesta clara.

-Disculpe, señor. –Le vino un niño pequeño de aspecto rico y educado. – Yo he visto a uno de los chicos que usted a estado describiendo.

-¿En serio? ¿Dónde?

-Vi a uno de los chicos... el de la gabardina roja que decías. La última vez que le vi fue en la estación de tren.

Edward no dudó ni un segundo y se fue corriendo a por Alphonse.

Alphonse estaba sentado en uno de los bancos de la estación esperando a que llegara el próximo tren para desaparecer de las vidas de Edward y Heidrich. El muchacho tenía una mirada perdida y miraba al suelo. Estaba muy pálido y, probablemente, con hambre. Entonces una joven con ropas oscuras y el pelo largo y recogido se le acercó y le dirigió unas palabras con una dulce voz:

-Hola. – Alphonse no levantó la mirada. – ¿Podría sentarme aquí?.

-Sí. – Dijo sin ganas.

-¿A qué tren estás esperando?

-No lo sé.

-¿Eh?

-A cualquiera que me lleve lejos de aquí.

-Perdóneme por preguntar, pero, ¿está usted bien? Le encuentro un poco palidillo.

Alphonse no contestó.

-No es nada.

-Esto... – La chica, preocupada, se quedó mirando. – Podría ofrecerte comida o cualquier otra cosa que necesites.

-No se moleste. Estoy bien.

-Si necesitas hablar de cualquier cosa... – Hizo otra pausa. – Me llamo Anne. Seamos amigos, ¿vale?

-Muy bien, Anne. Veo que no puedo estar solo esperando el tren... Soy Alphonse Elric, pero todos me llaman Al.

-Encantada, Al. – La chica sonrió. - ¿Por qué estás con los ánimos por los suelos?

-Bueno... Es que... digamos que he dejado que le hagan algo malo a mi hermano mayor.

-¿Tienes un hermano mayor?

-Sí.

-Claro, si uno está en este mundo, era de esperar que el otro chaval también. – Murmuró por lo bajo.

-¿Perdón?

-No, nada. – Volvió a sonreír. – ¿Qué ha pasado? ¿Puedo saberlo?

-Bueno... digamos que es un tema "familiar". No me gustaría contarlo.

-Entiendo. Perdona por ser tan entrometida.

Un hombre se acercó a los dos jóvenes. Era un hombre de mediana edad e iba vestido con un traje.

-Disculpad, pero el último tren ya no va a pasar por aquí. Hubo un accidente en el pueblo vecino. Lo siento mucho. Vamos a cerrar la estación por hoy.

Ambos recogieron sus cosas y salieron de la estación.

-Me imagino que no tienes adonde ir. Si quieres puedo darte un lugar donde dormir en vez de ir a una posada. Por lo menos te saldrá gratis.

-Muchas gracias por tu ofrecimiento, Anne.

La chica volvió a sonreír. Estuvieron caminando hasta llegar a la primera esquina donde había un callejón sin salida.

-Al final me quedé con las ganas de saber que problema "familiar" habéis tenido.

-¿Eh? – Alphonse empezó a notar un clima extraño en el ambiente.

-Vamos, Alphonse, a mi me lo puedes contar. ¿Qué tal está el canijo de acero?

-Tú... ¿cómo sabes...? – Alphonse empezó a temblar. - ¡¿Quién eres?

-Aún no te das cuenta, ¿no? – Se puso una mano en la cintura. – Sigues siendo tan inocente como siempre, joven Elric. Aunque no entiendo muy bien cómo has llegado aquí, al otro lado de la puerta.

Entonces, Alphonse reaccionó:

-¿En... Envy?

-¡Por fin! ¿Acaso no me reconocías? – Envy echó a reír. – Se me da bien hacer de chica, ¿no crees? – Le miró con malicia. Se quitó la oscura y larga ropa oscura que llevaba hasta estar más ligero, como él solía ir vestido siempre y se dejó la larga melena al aire.

-¡¿Qué haces aquí? ¿Cómo has llegado al otro lado?

-¿Y tú? No entiendo cómo has podido llegar aquí. ¿No crees que este mundo es un asco? Vosotros no podéis utilizar la alquimia, pero yo tampoco puedo transformarme. –Eso le dio tanta rabia al homúnculo que le dio una patada a un cubo de basura que había por ahí.

-¿Qué has venido hacer aquí, Envy?

-Eso es algo bastante obvio. Al final me quedé con las ganas, pero creo que al final con el menor de los hermanos me bastará... – Volvió a sonreír con malicia y se acercó a Alphonse.

Envy le cogió del brazo y le llevó a un rincón del callejón.

-¡¿Qué haces? ¡Suéltame! – Le gritó Alphonse.

-Pórtate bien, niño y déjame tu cuerpo hasta que encuentre al enano de tu hermano. – Envy le tiró al suelo y bruscamente intentaba quitarle la ropa. Alphonse no paraba de intentar salir de entre sus brazos. - ¿Al final vamos a tener que hacer las cosas por las malas?

-¡Suéltame! ¡Suéltame! – Envy le hizo daño. - ¡Eeeeeeeeeeeeed!

-¡Cállate ya! – Envy alzó la mano para pegarle cuando de pronto se escuchó una voz:

-¡No te atrevas a pegar a mi hermano, bastardo!

Edward apareció de entre la nada.

-¡Nii-san! – Lloró.

-Vaya, vaya, vaya, el canijo de acero por fin está aquí.

-¿Qué haces aquí, Envy? ¡Quita tus sucias manos de Al!

-Menuda forma de pedir las cosas.

Envy empujó a Alphonse a un lado y le pegó al alquimista. Este se levantó y le dio una patada al homúnculo. Ambos empezaron a pelear en el callejón. Alphonse solo miraba paralizado.

-Contesta a mis preguntas, Envy.

-Mantengo mi opinión, enano. Así no se piden las cosas.

-¡Qué no me llames enano!

-Siempre igual – Envy se rió.

-¿A qué has venido?

-¿Yo? No sé, ¿a qué quieres que venga?. – El homúnculo se mofaba de Edward.

-Maldito seas. – Dijo entre dientes.

Envy le dio unas cuantas patadas a Edward que lo hizo caer al suelo. Por lo que Envy se le acercó, se arrodillo y le besó en los labios.

-¡Deja a mi hermano! – Gritó Al lleno de ira.

-Sigues sabiendo a chocolate, canijo. – Le susurró Envy al oído de Edward. – Como la última vez.

-Envy... – Edward reaccionó y le dio un puñetazo en el estomago – ¡Ahora no es el momento!

-Argh... – Eso le dolió al homúnculo. – Muy bien, amor. Ya nos veremos. – Mientras se iba pasó por al lado de Alphonse y le acarició la cabeza. Luego, echó a correr.

-¡Al! – Aún le dolía algunas costillas de las palizas que le había dado Envy. - ¿Dónde te habías metido?

-Ed, yo... lo siento, lo siento mucho. – Alphonse estaba sin camiseta y los pantalones desabrochados con la gabardina por encima de él. Los brazos de su hermano le rodeaban mientras lloraba.

-No te preocupes, Al... ya estoy aquí. Todo pasó. – Le abrazó fuertemente.

-¿No estás enfadado conmigo por lo de Heiderich?

Edward se quedó pensando.

-Él también ha desaparecido, pero ahora no puedo preocuparme por eso. Tú eres más importante.

¿Qué vamos hacer, nii-san?

-Aceptar lo que ha pasado y esperar. Ahora tenemos otro problema: Envy está aquí y seguro que no nos trae regalitos de navidad precisamente.

La realidad era algo confusa. Heiderich había desaparecido sin dejar rastro y le quedaba poco tiempo de vida. Envy, de alguna manera, estaba en este mundo y probablemente no tramaría nada bueno. Y los Elric en aquella callejuela sin salida sentados, en el suelo, abrazados el uno al otro perdonando por todo lo que había pasado. Iban a ser unos años difíciles y lo único en lo que pensaban ambos hermano era el temor que tenían de volver a perderse el uno y el otro.

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Re: Los pecados de un alquimista.

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